El cambio y la contingencia de lo real...
- David May
- Nov 22, 2019
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La experiencia que tenemos del cambio que sufren todas las cosas, de su dependencia a algo extrínseco a sí mismas para poder constituirse en algo concreto, de su temporalidad existencial, o en otros términos, de la falta de estabilidad ontológica, manifiesta una propiedad metafísica indiscutible cuya aplicación se extiende a toda la realidad natural, esto es, el Universo físico. Este principio físico —como lo es el movimiento o el cambio—, denota, en primera instancia, un rasgo fundamental pero secundario de todas las cosas, y es así porque con una abstracción más profunda concluimos que lo más elemental sería la propiedad de ser un ente, es decir, que antes de que los entes posean cualquier propiedad primero son —que fue uno de los grandes aportes que realizó Parménides de Elea en los inicios de la filosofía—; es decir, diríamos que lo más notorio o evidente de la realidad es lo que llamamos el cambio, y esta característica nos lleva al principio de la contingencia, entendida esta última como la posibilidad real de perder algunas propiedades constitutivas o llegar a ser algo diferente, o más aún, dejar de ser en absoluto. Así pues, decimos que toda la realidad deviene, tiende a realizarse teleológicamente con miras a alcanzar un estado diferente y mejor o de plenitud existencial. Esto se evidencia en los seres inorgánicos, orgánicos, animales, seres humanos, estrellas, galaxias, el Universo entero (el cual ha pasado de la singularidad espacio-temporal a tener una dimensión inconcebible y con una expansión continua y acelerada). Pero igualmente, esa condición de realización no es permanente sino que posterior a ella se inicia el decaimiento ontológico; de ahí que todo se genera y se corrompe, nace y muere, llega a ser y —aquí el gran problema metafísico que ya mencionamos— dejan de ser. De manera que el cambio se constituye en una característica esencial de toda la realidad material. Es precisamente esta propiedad, la materialidad, la que da lugar a la condición de contingencia, ya que dicha materialidad implica la composición, lo que a su vez exige la posibilidad de la des-composición de sus elementos constitutivos, que por supuesto no son estables. Los entes materiales sufren ciertas modificaciones, como el traslado de lugar, la mutación de color, el aumento de peso, etc., y son esas modificaciones las que exigen una explicación acerca de la naturaleza de ese cambio constante que sufren, debido a que a pesar de la incesante variación siempre hay algo que permanece, que hace posible la referencia misma del cambio. Esto indica que el cambio exige la participación de algo que no sea parte del cambio mismo, algo que logre justificar el cómo se componen y se descomponen todas las cosas, o dicho de otro modo, ¿qué es lo que causa el cambio en un ente para que éste alcance un estado diferente? En todo caso, hay una demanda de la inteligencia humana por una explicación racional ante este fenómeno irremediable que caracteriza al mundo físico, fenómeno que fue un aspecto fundamental para el nacimiento del pensamiento filosófico.



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