La pretensión de la verdad y límites de la Ciencia
- David May
- Jan 21, 2020
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“…la Ciencia no tiene nada que ver con la búsqueda de la certeza, de la probabilidad o de la confiabilidad. No nos interesa establecer que las teorías científicas son seguras, ciertas o probables. Conscientes de nuestra falibilidad, sólo nos interesa criticarlas y testarlas, con la esperanza de descubrir en qué estamos equivocados, de aprender de nuestros errores y, si tenemos suerte, de lograr teorías mejores”.
Karl Popper
La mejor comprensión de la realidad natural y sus fundamentos suele estar asociada al conocimiento científico. Y es innegable que los logros de la Ciencia han posibilitado una comprensión precisa (y con ello un control técnico) de la naturaleza, con lo cual hemos llegado a obtener en la actualidad una descripción fehaciente del Universo entendido como un sistema físico. La Ciencia[1] ha logrado ofrecer una imagen amplia y, al mismo tiempo, seccionada de la naturaleza, en la que se logran identificar una gran diversidad de ámbitos y niveles de realidad compuestos por estructuras y dinámicas. Sus alcances teórico-conceptuales han dado lugar al descubrimiento a un orden natural en el que el mecanismo que impulsa su avance cognoscitivo consiste en un constante ajuste y reajuste entre las ideas científicas, los datos empíricos y la realidad en sí. Es así como este orden natural se hace cada vez más comprensible y controlable, provocando con ello una representación más exacta y próxima a la naturaleza en su propia constitución.
El avance del conocimiento junto a las diferentes prácticas científicas han provisto de un poderoso, efectivo y amplio recurso instrumental técnico y teórico-conceptual, el cual ha permitido penetrar hasta las dimensiones más fundamentales de la naturaleza: desde las propiedades de las partículas elementales que componen la materia, hasta la estructura global del espacio-tiempo que ha permitido proponer una historia evolutiva del Universo. Esto podría indicar que la naturaleza ha surgido y llegado a ser inteligible a la mente humana por la Ciencia. Sin sus indagaciones y, consiguientes, producciones teóricas la realidad natural sería algo muy diferente de lo que representativamente se muestra. Al respecto, Hub Zwart sugiere que: “Sin la Ciencia, veríamos la naturaleza en una luz completamente diferente y difusa. La Ciencia constituye el claro que permite que la naturaleza emerja”[2].Y esta emergencia de la naturaleza es concebible por el hecho patente de su comportamiento a partir del control descriptivo, explicativo y predictivo llevado a cabo por el aparato discursivo y metodológico de la Ciencia; o más concretamente, es una emergencia fraguada a partir de las respuestas científicas dadas al qué, cuándo, dónde, cómo y porqué del suceder de los fenómenos (con todas las interacciones entre entidades, procesos, sucesos y causas) pasados, presentes y futuros. De tal forma que, tal emergencia se concibe como una comprensión racional de la inteligencia humana: el emerger de la naturaleza es posible por la conceptualización-teorización producida científicamente[3]. Así, se podría afirmar que la Ciencia actual ―como ningún otro saber― ha logrado un contacto efectivo con la naturaleza, y, por tanto, ha dicho lo correcto acerca de ella[4].
Esta concepción de la Ciencia como una empresa exitosa y exclusiva en cuanto al hecho de hacer inteligible a la naturaleza, nos conduce hacia el análisis meta-científico, a causa de lo que algunos han llamado el “milagro” de esa particular adecuación entre el conocimiento científico y la realidad natural. John Wright señala que: “[La Ciencia] ha sido sorprendentemente exitosa en hacer las cosas bien sobre el mundo natural. Y, muy plausiblemente, una razón por la cual la Ciencia ha sido de interés para los filósofos es porque parece haber tenido más éxito haciendo esto que los sistemas no-científicos o pre-científicos, o la religión, o la filosofía misma”[5]. De ahí que el evidente éxito de la Ciencia no le sitúa en una autosuficiente condición de completitud cognoscitiva, sino que es el propio análisis filosófico el que va a cribar sobre los datos ofrecidos y a evaluar no solo las implicaciones de tal eficacia cognoscitiva, sino también las posibilidades de comprensión que ofrece la naturaleza misma.
Aquí está de por medio la problemática ontológica acerca de la descripción fundamental de la naturaleza, esto a diferencia de lo que las teorías científicas extraen y proponen de ella, a saber, una representación objetiva y auténtica pero, después de todo, una representación parcial y aproximada. Y dado que una descripción metafísica de la naturaleza estaría ubicada en los términos más altos de generalidad posible y los más elementales en su modo de ser, la conceptualización científica, remitida a lo empírico y cuantificable, no estaría en la capacidad de ofrecer una respuesta apropiada[6]. La Ciencia no podría, en consecuencia, establecer sus propios límites de accesibilidad a la naturaleza misma. Evidentemente, esta es una problemática no-científica; como bien lo señala Michael Dummett: “Los problemas filosóficos generados por la física no deben resolverse por observación o por experimento, sino solamente, como todos los problemas filosóficos, por reflexión racional”[7]. En efecto, la gran configuración que ha realizado la Ciencia sobre nuestra concepción de la realidad natural ha dado lugar a importantes problemas filosóficos, los cuales podrían plantear las posibilidades y los alcances epistemológicos de la indagación científica.
Junto esto, otro problema que irrumpe es el del realismo metafísico y epistemológico asumido por la Ciencia. La labor de los científicos no inicia preguntando por las causas o por la constitución cualitativa fundamental del orden de la naturaleza que están por describir, ni tampoco si ésta es realmente como sus teorías dicen que es, o si, por el contrario, tales teorías son solo instrumentos de cálculo y predicción acerca de los fenómenos percibidos. Estrictamente, el científico aplica todas sus técnicas de investigación y análisis sobre una realidad que da por hecho que es ordenada, y que, consecuentemente, puede comprender racionalmente. Y a la par de esa concepción de naturaleza como una realidad independiente de las producciones científicas, está la problemática metafísica de su constitución esencial, y a partir de ella, las posibilidades de su accesibilidad cognoscitiva. Por tanto, los análisis metafísico y epistemológico referentes a los presupuestos de la actitud realista (que se considera predominante en la práctica científica), se dirigen a dilucidar el carácter fundamental de la realidad natural, en orden a determinar los posibles límites de la exitosa empresa científica.
Realismo metafísico y objetividad científica
Los resultados de la Ciencia que describen el orden en la naturaleza no implican que a través de esa investigación se haya descubierto una realidad física ordenada independiente de la mente. Como ya se mencionó, este orden natural es una precondición necesaria para la investigación científica, ya que todos sus constituyentes y producciones teóricos están sustentados en la presuposición de objetividad, y esto de acuerdo a unos fines cognoscitivos claramente definidos. Es comúnmente aceptado que la Ciencia tiene como uno de sus objetivos principales describir la realidad tal y como realmente es, es decir: llegar a la verdad de lo real. Y para dar sentido y, seguidamente, poner en práctica tal labor empírico-cognoscitiva, la investigación científica asume como precondición necesaria la existencia de una realidad autónoma, o sea, constituida en sí misma. Este aspecto funge como “presuposición regulativa que hace posible la Ciencia en primer lugar”[8], lo cual significa que la postulación científica de datos observacionales objetivos pivota sobre una justificación de utilidad y no de una evidencia surgida de la práctica científica.
La estructura previa e inobservada de la naturaleza en la cual se sustentan las descripciones científicas, es una conceptualización metafísica que nos habla, en primer lugar, acerca de su auto-constitución, y, seguidamente, de su orden y dinámica extendidos a un nivel general y fundamental. Esto es así porque la metafísica indaga acerca de “las características de toda la existencia ―natural y artificial por igual― que sustentan las perspectivas del conocimiento, y busca exponer los fundamentos de nuestra comprensión de lo real”[9]. Y son estos aspectos de fundamentalidad y generalidad los que permiten establecer el marco de referencia presuposicional, en el cual la investigación científica opera según su método. Esto sitúa a las elaboraciones metafísicas en una especie de soporte conceptual, en el que se establecen unos primeros principios que permiten la formulación de problemáticas-preguntas científicas, mismas que dan lugar a hipótesis, ideas, conceptos teóricos, observaciones, experimentos, teorías, nuevas problemáticas, etc.[10]. De ahí que el carácter problemático de la realidad exige no solamente el conocimiento racional procedente de la rigurosidad científica, sino también el aporte de la especulación metafísica, por cuanto la vastísima profundidad, amplitud y diversidad de la realidad en su totalidad trasciende el orden cuantitativo-matemático y empírico. Por ello, la metafísica, en tanto presupuestos o base de la ciencia, debería poseer un carácter racional con el propósito de estar acorde con el conocimiento objetivo y racional que se le demanda a la misma Ciencia.
A partir de esto, y como propuesta de una caracterización metafísico-racional de la realidad indagada empíricamente por la Ciencia, el filósofo Nicholas Rescher formula los siguientes principios por los cuales algo es una cosa real: “(1) Auto- subsistencia: ser un “algo” (una entidad o proceso) con su propia unidad de ser, que tiene una identidad duradera propia. (2) Fisicalidad o realidad: que existe dentro de un orden causal de cosas. Tiene un lugar en la escena del mundo físico como un participante de algún tipo. (3) Publicidad o accesibilidad: que admite la universalidad del acceso. Es algo de lo cual diferentes investigadores que proceden de diferentes puntos de partida pueden apoderarse. (4) Autonomía o independencia: Es independiente de la mente. Es algo que los observadores encuentran en lugar de crearlo, y de lo cual aprenden en lugar de definirlo en el curso de sus esfuerzos cognitivos”[11]. Estos son los aspectos principales que caracterizan la perspectiva realista de la investigación científica: la objetividad y la constitución ontológica propia de los hechos y cosas que procura describir.
La objetividad es indispensable para la racionalidad científica, debido a que ésta solo es posible cuando hay fundamentos consistentes y suficientes, los cuales, a su vez, se sustentan en unos patrones de carácter ontológico y epistemológico. Son la invariancia y la universalidad de los eventos u objetos sometidos a investigación, los aspectos que determinan su objetividad. Rescher asegura que: “Un hecho es objetivo en este modo si se obtiene independientemente de lo que piensan los pensadores sobre cuestiones relevantes, de modo que los cambios en lo que piensan las inteligencias del mundo no lo afectarán”[12]. Significa esto que los fenómenos u objetos (la realidad natural) investigados por la Ciencia no son producidos, alterados o suprimibles por la arbitrariedad de la mente humana; pero lo que sí estaría sujeto a cambio sería la comprensión de lo investigado. Asimismo, “los físicos ven la objetividad como un asunto de la invariancia de los resultados ante los cambios de un sistema de coordenadas correlativo-observador”[13]. En el mismo sentido con lo anterior, esto expresa que la información obtenida ―producto de las investigaciones o los contenidos teóricos de la Ciencia― no dependen de un sistema de referencia cognoscitivo personal-individual, el cual está sujeto a prejuicios, preferencias, sesgos, etc., sino que es tal información la que resulta convincente para el conjunto de investigadores. Y esta producción teórica y su resultante aceptación cognoscitiva están sustentadas en ciertos factores que resultan convincentes para la comunidad epistémica, lejos de la idiosincrática predilección de lo individual: “La objetividad es, pues, un asunto de universalidad (o al menos de generalidad) de acceso de reconocimiento, de disponibilidad irrestricta para la comunidad de investigadores estándar ―en el caso cognitivo de pensadores racionales”[14].
La pretensión de la verdad en la Ciencia
En su tarea de ofrecer información acerca de cómo están constituidas las cosas en el mundo, la Ciencia presenta sus aseveraciones ―objetivas― como verdades. Negar la búsqueda de la verdad en la empresa científica, sería desestimar el propósito y el logro cognitivo de la Ciencia en su descripción precisa y su comprobado control sobre la realidad. Además, esto significaría que nuestro conocimiento de la realidad sería de carácter subjetivo, ajeno a un cuerpo de proposiciones y tesis (asumidas como verdaderas) que se refieren a la verdadera constitución de la realidad.
Es precisamente la noción de realidad la que permite, en primer lugar, hablar del concepto de verdad. Sin realidad no hay verdad: “la realidad en sí es un requisito indispensable (conceptual) para la verdad de nuestras afirmaciones al respecto”[15]. Y esta noción de realidad hace referencia a una realidad independiente de la mente: una realidad auto-constituida ¾la cual nos es compresible por medio de una estructura conceptual. Junto a esta auto-constitución, la realidad también debe tener una configuración causal que permita su descripción y su explicación científica. Esto quiere decir que la realidad opera causalmente, siendo así la fuente de todos los fenómenos, procesos y objetos investigados, analizados y comprendidos por el aparato conceptual-discursivo e instrumental tecnológico de la Ciencia. Estas dos importantes características de la realidad hacen que sea “descriptivamente determinada” e “interrogativamente completa”.
Ser descriptivamente determinada significa que la realidad tiene que ser algo en específico. Ser real o pertenecer a la realidad implica que todo objeto concreto pertenece a un reino en el que todos sus objetos están interrelacionados para la configuración de todas las estructuras y dinámicas del Universo físico. “Siempre se trata de ser-como-algo-u-otro: ser como un objeto físico, como un número, como un tono de color o similar. Por lo tanto, el ser no es homogéneo y universal, sino categóricamente diferenciado: los diferentes tipos de elementos son seres en su propia forma característica.”[16]. Del mismo modo, todos los objetos deben exhibir o no una serie específica de propiedades, las cuales, simultáneamente, tienen que estar claramente diferenciadas en su función específica en el objeto. Esto también exige que tales propiedades se muestren con una total exactitud y precisión. Todo esto conduce a que la realidad sea interrogativamente completa, esto es, que las preguntas específicas sobre la constitución de los objetos del mundo son contestables de manera correcta y con precisión, o bien, que tienen una posible respuesta. Todas estas características indican que la realidad presenta los principios clásicos de “consistencia” (principio de contradicción), “completitud” (principio de medio excluido) y “detalle” (principio de especificidad).
Estas características de la realidad hacen que no sea constitutivamente vaga o ambigua, y con ello se hace posible el conocimiento científico. Evidentemente, el conocimiento científico es viable y comprobadamente exitoso, pero, a pesar de ello, no es perfecto. Pese a que la Ciencia hace una descripción y un control verdadero y preciso de la realidad, no logra realizarlo de una forma plena o con absoluta exactitud. La verdad afirmada por la Ciencia no es una verdad acabada que agota la realidad ―extrayendo de ella absoluta y definitivamente todo―, de lo contrario las teorías científicas serían fijas y perfectas; situación que no se muestra a lo largo de la historia de la Ciencia. Rescher lo plantea de la siguiente manera: “La historia de la ciencia muestra que nuestros "descubrimientos" asegurados por medio del coherencia inductiva del método científico requieren constantemente ajustes, correcciones y reemplazos. No podemos decir que nuestras preguntas inductivas sobre cómo funcionan las cosas en el mundo nos brindan la verdad real (definitiva), sino que nos brindan la mejor estimación de la verdad que podemos lograr en las circunstancias actuales”[17].
Límites
En la realidad hay más “que lo contemplado por la Ciencia”[18], es decir, que la realidad comprende y contiene cosas, fenómenos, problemas, etc., de mucha profundidad y complejidad cognitiva, lo que deja a la Ciencia con evidencias incompletas e informaciones parciales[19]. Roger Trigg hace notar que: “Si el mundo contiene una sutil interacción entre el orden y el azar, de indeterminación y aleatoriedad, incluso entre las causas y la libertad, la Ciencia tendrá un amplio espacio para el descubrimiento de la naturaleza de las cosas”[20]. Por tal motivo, la teorización científica desde su marco explicativo y predictivo no lograría abarcar de manera exhaustiva la totalidad de lo real, y con ello la dificultad de lograr una explicación y una predicción de alcance global con total precisión y controlabilidad. De modo que las producciones científicas acerca de la realidad natural siendo correctas nunca serán definitivas; eso quiere decir que los modelos teóricos siempre tendrán límites, serán falibles y corregibles y, por lo tanto, no representarían la plena verdad del Universo y sus contenidos[21]. Y esta limitación reside exclusivamente en las capacidades y recursos conceptuales, discursivos e instrumentales con los que el ser humano dispone. “Nuestras declaraciones sobre la realidad pueden ser verdaderas sin decir la verdad exacta (y mucho menos toda la verdad). Y la culpa aquí no puede estar del lado de la realidad”[22].
Así que, mientras que la realidad es interrogativamente completa, la descripción científica (teórico-conceptual) no lo es. El lenguaje humano siempre será parcial (no-definitivo) e inexacto, por lo que constantemente requiere de clarificación y de nuevas explicaciones: “estamos constantemente obligados a usar una terminología flexible y llenar nuestro discurso con expresiones del orden de 'completamente', 'aproximadamente', 'algo parecido' [...] un término descriptivo es equívoco si su aplicación invita a la pregunta: '¿en qué sentido?' Un término descriptivo es vago si su la aplicación invita a la pregunta: '¿de qué tipo o clase?' Un término descriptivo es ambiguo si su aplicación invita a la pregunta: '¿en qué modo, respeto o manera?" Un término descriptivo es inexacto o impreciso si su aplicación invita a la pregunta: ¿en qué grado o en qué aspecto? Además, un término descriptivo es figurativo cuando se trata de un aspecto metafórico o analógico, con el fin de hacer la pregunta '¿Cómo es eso?'”[23]. En conjunto, el lenguaje científico está sujeto a un constante cambio e innovación conceptual, producto del desarrollo científico-tecnológico. Nuevos descubrimientos y nuevos datos llevan a más y mejor información, produciendo así nuevas conceptualizaciones que pretenden describir con más precisión y exactitud la realidad: se incluyen más propiedades y hechos que forman parte de la constitución evolutiva las cosas investigadas. Rescher declara: “Ya sean los elementos en cuestión árboles, volcanes o quarks, tenemos la expectativa de que en el curso del progreso científico futuro las personas verán sus orígenes y sus propiedades de manera diferente a como lo hacemos en esta coyuntura.”[24]
Es por ello que el realismo científico que promueve una presentación de la verdad plena acerca del mundo, o en otros términos, una descripción exacta del mundo ―y que con ello satisfacer los ideales cognitivos de unidad, consistencia, completud, definitud―, no es viable. Esta concepción está, a su vez, sustentada en la conceptualización de la Ciencia perfecta en tanto que idealización, una idealización que tiene la sola función regulativa de impulsar el mejoramiento en la investigación: “La Ciencia perfecta es una idealización ―al igual que el realismo científico que viene automáticamente a su paso. [Esta idealización representa] la legitimidad de nuestros ideales cognitivos como reguladores inherentes en su utilidad como guías de consulta, y, en concreto, en su capacidad para guiar nuestros pensamientos y esfuerzos en direcciones constructivas y productivas”[25]. Y para que la Ciencia pueda alcanzar el ideal de perfección debe cumplir con ciertas condiciones cognitivo-teóricas y activo-prácticas, esto es, conseguir la completitud teórica y de control.
En el área teorética, hay, principalmente, dos completitudes o acabamientos imprescindibles: la explicativa y la predictiva. La explicativa tiene que ver con la exigencia de dar respuesta “a todas las preguntas… a que ella [la Ciencia] se enfrenta como legítimamente formulables, y debe explicar todo lo que considera explicable”[26]. Ante esto, en apariencia la Ciencia podría estar dando respuesta a todas las preguntas que suscita el carácter problemático de la realidad, pero con toda seguridad tales respuestas podrían resultar inadecuadas. Indudablemente, esta actitud colocaría a la Ciencia fuera del aspecto estrictamente teórico-experimental para situarla en el ámbito puramente especulativo, en el que el científico ―en su pretensión omniabarcante― asume un cientificismo que deforma, distorsiona a la empresa científica, “arrojando el manto de su autoridad sobre cuestiones a las que nunca pretendió atender”[27]. Además, para hacer asequible la realización de una Ciencia de la naturaleza teoréticamente completa sería necesario “ofrecer una teoría unificada completa y consistente de la interacción física que describiera todas las observaciones posibles”[28]. El problema con dicha teoría radica en la imposibilidad de obtener un conocimiento absolutamente preciso de todas las interacciones físicas existentes y posibles, porque para ello se necesitaría ―aparte de un conocimiento perfecto― un conocimiento o una teoría previa que garantice o controle que la plena adecuación y exactitud de todas las leyes, principios, observaciones, etc. se han obtenido. Pero eso no es posible, dado que tal teoría siendo última o final no podría, a pesar de todo, auto-explicarse o auto-controlarse[29]: “[…] para tener garantizado que el uso del estado actual de la física es una buena base para responder a esta cuestión, tendríamos que asegurarnos antes de que su visión de tales posibilidades es correcta; y en consecuencia, tener ya preestablecida su completitud. La idea de una completitud explicativa consolidada naufraga ante la imposibilidad de encontrar una manera significativa de controlar su consecución”[30].
Por su parte, lo que le atribuye cientificidad a la explicación son básicamente dos componentes: la “materia o el contenido observacional (sucesos particulares-concretos), y el método utilizado (la subsunción de los sucesos bajo leyes confirmadas y contrastadas)”[31]. En relación a este último, las leyes de la naturaleza son el recurso o la entrada (input) necesaria que el formato de la explicación científica requiere para dar inteligibilidad al suceder de los eventos naturales. Es con el factor de legalidad (lawfulness) que se proporciona una garantía racional que es la que le atribuye inevitabilidad al acontecer de los fenómenos, y esto en conformidad con los sistemas teóricos; “consiste en evidencia observacional y experimental para la generalización, y esto combinado con la capacidad de la generalización para adherirse con otros enunciados en una estructura teorética (un sistema axiomático científico)”[32]. Este es el aspecto modal que el conocimiento científico demanda para ofrecer sus productos cognoscitivos seguros, lo que significa dar una respuesta a ¿cómo las cosas operan?, “¿Cuál es el caso y ¿Por qué este es el caso?”[33]. Así, el mecanismo científico de la explicación naturalista legitima el devenir, el desarrollo o la actividad de un concreto estado de cosas mediante la cobertura de las leyes de la naturaleza. Sobre eso se sostiene que en toda explicación científica deben estar presentes estos requisitos: datos empíricos (datos observacionales y/o experimentales) y las leyes de la naturaleza (generalizaciones incluidas en sistemas teóricos); y, forzosamente, estos elementos son parte de la cuestión cuando de lo que se quiere dar cuenta es de la existencia y la estructura general del Universo.
En su caso, la predicción, como parte de la completitud para la perfección de la Ciencia, también se enfrenta con varias limitaciones que le impiden tener un control absoluto sobre el conocimiento del acaecer o no de los sucesos. El control cognitivo que representa la predicción se circunscribe a condicionamientos epistemológicos y ontológicos, los cuales se constituyen en el impedimento para que la Ciencia no pueda ofrecer resultados con absoluta precisión y certeza.
En cuanto a los límites ontológicos, las cualidades que posee la realidad natural hacen que el futuro sea indeterminado, abierto; esto es, que los sucesos estocásticos o azarosos producen un desconocimiento de las condiciones iniciales e inexactitud de la información nomológica (leyes), lo que conduce a la imposibilidad de hacer inferencias certeras y de ofrecer valores absolutamente precisos para los fenómenos ulteriores[34]. De modo que con la ausencia de conocimiento preciso de las condiciones iniciales y de la inexactitud de los valores de las regularidades de la naturaleza, la Ciencia moderna se ha visto en la obligación de utilizar la teoría de la probabilidad para realizar las inferencias a los sucesos aleatorios; es decir, que en ciertos casos la distribución de probabilidades se convierte en la predicción científica. Y esto, seguramente, no es ausencia de la predicción en sí misma sino un fallo en la certeza de la predicción. Considerando esto, se tiene que hay aspectos de la realidad misma, como lo son la indeterminación y la contingencia, que le impiden a la empresa científica poseer una predicción racional completa; y aunque el futuro esté prefigurado en las leyes de la naturaleza, su esencia per se está sustentada en la contingencia. “Este aspecto de la realidad [la prefiguración del futuro en las leyes naturales] es crucial para la predicción racional […] Pero el futuro aún no ha entrado en escena; no existe, por lo menos no todavía”[35].
Por su parte, los límites epistemológicos están en conexión con lo indicado anteriormente sobre el futuro, al ser éste abierto resulta cognoscitivamente inaccesible; es “un modelo de naturaleza que implica que cierta clase de cosas son incognoscibles”[36]. Este carácter imprevisible ―contingente e indeterminado― de la naturaleza impide al científico obtener ciertos datos cruciales para así lograr la predicción racional perfecta. Por esa razón solamente puede realizarse una anticipación conjetural a partir de una configuración inferencial de la información disponible. Esta información ―cuyo fin es la predicción de un futuro abierto― está contenida en un pasado y un presente que son comprendidos a partir de ciertos patrones de estabilidad, de la disponibilidad de datos, y de patrones de discernibilidad. Simultáneamente, estos patrones deben estar ajustados entre sí, considerando que son las “tres precondiciones indispensables para la predicción racional”[37]. Estos patrones se resumen de la siguiente manera:
1) Que la información relevante acerca del pasado-y-presente pueda ser obtenida adecuadamente de una manera exacta y fiable. 2) Que el conjunto de datos exhiba patrones discernibles; 3) En la medida en que los patrones expuestos son estables, así como esta característica estructural manifiesta una consistencia que también continúe en el futuro[38].
Todo esto significa que la predicción racional descansa en la eficiencia del ajuste de patrones, el que, asimismo, gira en torno a un vínculo entre los datos obtenidos y las afirmaciones predictivas hechas por los expertos. Para ello debe darse una justificación racional que garantice la exactitud de los principios inferenciales que soportan las predicciones; pero tal justificación no es posible en la práctica, sino únicamente de una manera irremediablemente restringida.
Vemos así que el proyecto científico de la investigación racional no puede, por un lado, rechazar la noción de verdad real (de los hechos del mundo real), ni considerar, por el otro, el alcance teórico de una verdad completa y definitiva. Tales extremos ―instrumentalista y esencialista―[39] no estarían en sintonía con la naturaleza, estructura y posibilidades reales de la Ciencia, y de ahí que la actitud indagatoria del científico debe ser la de: “tomar una posición de compromiso hacia lo que encontramos [en el mundo]… para afirmar la verdad de nuestros hallazgos y para aceptarlos (al menos provisionalmente) como afirmando lo que realmente es el caso […] (No tendría sentido pensar en la investigación científica como un proyecto sobre la estimación de la verdad si no hubiera una verdad para estimar)”[40].
Notas:
[1] Por Ciencia me refiero a las representaciones cognoscitivas o Ciencias de la naturaleza que hacen uso metodológico de la observación, la experimentación y la demostración matemática.
[2]Zwart, H., Understanding Nature. Case Studies in Comparative Epistemology, Springer, Netherlands, 2008, p.4.
[3] Jesús Mosterín señala que: “lo que pensemos y digamos del mundo no depende sólo de él, sino también de nuestro sistema conceptual, que selecciona, condiciona y determina los aspecto del mundo que tenemos en cuenta, en los que pensamos y de los que hablamos. El mundo pensado es también el resultante de al menos dos factores: nuestro sistema conceptual y el mundo real. […] El mundo no está estructurado de por sí de un modo unívoco. Somos nosotros los que lo estructuramos al proyectar sobre él nuestros conceptos”. En Mosterín, J., Conceptos y teorías en la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 2008, pp. 15-16.
[4] Este criterio es sostenido por filósofos como Michael Dummett: “science has contributed far more to our conception of the universe than philosophy has done. Science has immensely enlarged the spatial and temporal boundaries of the world. It has given us knowledge of the ages of the human race, of life on our planet, of the earth itself, of the solar system, of the galaxy, and even of the universe as a whole”. En Dummett, M., The Nature and Future of Philosophy, Columbia University Press, New York, 2010, p. 22.
[5]Wright, J., Explaining Science's Success. Understanding How Scientific Knowledge Works, Routledge, New York, 2014, p. 1.
[6] En cuanto a la ontología de la naturaleza y sus alcances epistemológicos por parte de la Ciencia, Mariano Artigas señala: “La definición de la naturaleza tropieza con otras dificultades que se deben a los problemas epistemológicos. Nuestra imagen de la naturaleza depende, en gran parte, de los conocimientos científicos proporcionados por las ciencias. Peor la ciencia experimental es una construcción nuestra. No proporciona una simple reproducción o fotografía de la naturaleza. Por tanto, se requiere un cuidadoso análisis epistemológico para determinar lo que en las ciencias corresponde a la naturaleza y lo que se debe a nuestro modo de conceptualizarla.” En Artigas, M., La inteligibilidad de la naturaleza, Eunsa, Navarra, 1995, p. 82.
[7]Dummett, M., The Nature and Future of Philosophy, Columbia University Press, New York, 2010, p. 25.
[8]Rescher, N., Scientific Realism. A Critical Reappraisal, Reidel, Dordrecht, 1987, p.126.
[9]Rescher, N., Nature and Understanding. The Metaphysics and Method of Science. Oxford UniversityPress, N.Y., 2000, p. 1.
[10] En esta perspectiva, Karl Popper ya indicaba que la metafísica adquiere su valor como teoría racional en su contribución a la resolución de problemas y, estos a su vez, vinculados propiamente a la ciencia en su estudio de la realidad empírica. Cfr. Popper, K. R., Conjeturas y Refutaciones, Paidós, Barcelona, 1972, , pp. 245-246.
[11]Rescher, N, Metaphysics: The Key Issues from a Realistic Perspective, Prometheus Books, NY, 2006, p. 34.
[12]Rescher, N., Scientific Realism. A Critical Reappraisal, Reidel, Dordrecht, 1987, p.122.
[13]Rescher, N, Objectivity: The obligations of Impersonal Reason, University of Notre Dame Press, Indiana, 1997, p. 6.
[14] Idem, p. 7.
[15]Rescher, N., Metaphysics: The Key Issues from a Realistic Perspective, Prometheus Books, NY, 2006, p. 24.
[16] Idem, p. 17.
[17]Rescher, N., Scientific Realism: A Critical Reappraisal, Reidel Publishing, Dordrecht, 1987, p. 27.
[18]Rescher, N., Razón y valores en la era científico-tecnológica, Paidós, Barcelona, 1999, p. 113.
[19] Aquí Rescher se refiere, por ejemplo, al aspecto particular-experiencial de lo real el cual siempre exhibirá características que eluden la captación explicativa de la ciencia; también, a la esfera de los valores éticos y estéticos, y principalmente, a la “cuestiones últimas” de tipo metafísico.
[20] Trigg, R.: Rationality and Science: Can Science Explain Everything? Blackwell Publishers, Oxford, 1993, p. 193.
[21] Esta idea se acerca al concepto de verosimilitud popperiano, el cual sostiene que la verdad que es exigida para las teorías y que es colocada como el criterio de garantía para diferenciar las teorías verdaderas de las falsas o de la simple creencia, nunca es poseída de manera total, sino simplemente lo que se puede lograr son aproximaciones a tal verdad.
[22]Rescher, N., Metaphysics: The Key Issues from a Realistic Perspective, Prometheus Books, NY, 2006, p. 101.
[23]Idem, p. 102.
[24]Rescher, N., Complexity, p. 34.
[25]Rescher, N.: Scientific Realism:A Critical Reappraisal. Dordrecht: ReidelPublishing, 1987, p. 31.
[26]Rescher, N.: Los límites de la ciencia, Tecnos, Madrid, 1994, p. 164.
[27]Rescher, N.: Razón y valores en la era científico-tecnológica, cit., p. 112.
[28] Citado por Rescher, en Rescher, N.: Los límites de la ciencia, cit., p. 168.
[29] La imposibilidad de la auto-explicación implica que una determinada teoría tendría que poseer externa e internamente y al mismo tiempo los elementos que le explican, lo cual, evidentemente, es lógicamente inconsistente. Nicholas Rescher hace una crítica a la llamada Teoría Final, Teoría del Todo (TOE) o teorías de la gran unificación (GUT) ¾que son aquellas que darían razón de todas las leyes y constantes del Universo, de su origen, de su estructura general, etc., asimismo, las que unificarían las cuatro fuerzas o interacciones fundamentales de la naturaleza¾, aduciendo que existen varias limitaciones para el establecimiento de tal teoría, como por ejemplo, que ésta tendría que superar el elemento de la Integralidad, la finalidad, el punto muerto, los cuales estarían condesados en la imposibilidad de superar la no-circularidad explicativa. Véase en Rescher, N.: Nature and Understanding. The Metaphysics and Method of Science, Clarendon Press, Oxford, 2000. pp. 73-91. Véase también, por ejemplo, Weinberg, S.: El sueño de una teoría final, Crítica, Barcelona, 2010. Evans, J.: Watts, G.: Unification of Fundamental Forces, Cambridge University Press, Cambridge, 1990. Hawking, S., The Theory of Everything, Phoenix Books, Beverly Hills, 2007.
[30]Rescher, N., Razón y valores, cit., p. 140.
[31]Rescher, N., Scientific Explanation, The Free Press, Beverly Hills, 1970, p. 10.
[32]Temple, D., “Can science know what's necessary?” en Rescher, N. (ed.): The limits of lawfulness. Studies on the scope and nature of scientific knowledge. University Press of America, Boston, 1983. pp. 43-50.
[33]Ibídem.
[34] El indeterminismo ha llegado a ser el carácter primordial de la realidad física, y a partir de él, el predominio de las interpretaciones probabilísticas que buscan explicar el carácter estadístico, por ejemplo, de la teoría cuántica. Evandro Agazzi habla acerca de la discrepancia entre continuidad y discontinuidad en el mundo microfísico; la conceptualización de masa y sus dimensiones espacio-temporales; el cambio del determinismo al probabilismo en las leyes naturales, y la reconsideración del principio de causalidad. Véase Agazzi, E., La ciencia y el alma de Occidente, Tecnos, Madrid, 2001, pp. 183ss.
[35]Rescher, N., Predicting the Future. An Introduction to the Theory of Forecasting, State University of New York Press, New York, 1998, p. 70.
[36]Rescher, N., Los límites de la ciencia, cit., p. 175.
[37]Rescher, N., Predicting the Future, cit., p. 86.
[38]Ídem.
[39] Aquí, el esencialismo, es entendido como la posibilidad de llegar intelectivamente a una realidad esencial o última, esto es, a una descripción exacta y exhaustiva de lo real; y por su parte el instrumentalismo sostiene que las teorías científicas no logran hacer una descripción verdadera de la realidad, sino solo son una guía para la investigación y meros instrumentos de predicción.
[40]Rescher, N., Scientific Realism. A Critical Reappraisal, Reidel, Dordrecht, 1987, p.42.



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