top of page

Ciencia, racionalidad y pragmatismo

Updated: Jan 26, 2023




Ciencia y racionalidad La Ciencia se constituye en el recurso cognoscitivo primario para poder descubrir y comprender el mundo en todas sus dimensiones, para posteriormente aplicar la reflexión filosófica de segundo orden. Es un proyecto filosófico que tiene como objetivo final la construcción de una cosmovisión. A este respecto, el filósofo Nicholas Rescher afirma que “el objetivo de la Filosofía que define el proyecto es desarrollar una cosmovisión que proporcione una descripción de nuestro lugar humano en el esquema de las cosas de la naturaleza. El proyecto presupone una Ciencia que nos informa sobre la naturaleza del mundo y la constitución de la humanidad. Solo entonces la Filosofía puede comenzar su trabajo orientador de vida de evaluar las implicaciones para nosotros y de evaluar y priorizar las opciones y oportunidades a nuestra disposición. Y esto significa que la idoneidad de nuestro filosofar está limitada por la comprensión de su base fáctica y prefilosófica” (Rescher; Morgan, 2019, 2). Esta base de información prefilosófica (o de conocimiento científico) posee una dinámica de indagación racional, que es definida por la estructura de sus objetivos. Sus principales recursos son los siguientes: (1) el conocimiento teórico y (2) el conocimiento aplicado. Así, la Ciencia es concebida a partir de lo que se designa como el “cuarteto de descripción, explicación, predicción y control” (Rescher, 2012, 103). La descripción y la explicación se enmarcan en los objetivos teóricos, mientras que la predicción y el control dentro de los objetivos prácticos. La investigación estrictamente teórica busca proveer una descripción precisa de las cosas y fenómenos que hay en el mundo, con su respectiva actividad al nivel de la generalidad regida por leyes. En esta construcción teórica de valor universal, se sitúa la inducción como proceso fundamental: es un instrumento para la optimización racional de búsqueda-adquisición de nueva y mejor información que supere y extienda la insuficiente información vigente. “La inducción así concebida es la metodología del razonamiento ampliativo para asegurar la 'mejor respuesta disponible'”(1980, 20). Todo esto conduce —como parte fundamental de los productos de la indagación científica— a la estimación de la verdad, esto es, a la mejor y más reciente descripción-explicación con la que se dispone acerca de cómo están constituidas las cosas en el mundo. Subsecuente e inseparablemente interrelacionado se encuentra el conocimiento práctico, como producto de una teorización, que procura guiar los estándares y procesos por los cuales el ser humano busca satisfacer sus necesidades de desarrollo y supervivencia en el mundo. Este es un control teórico y, primordialmente, tecnológico de los diferentes entornos de la vida individual, social, natural y artificial. Esto implica primero “Predicción: alineación exitosa de nuestras expectativas con respecto a la Naturaleza y Control: intervención efectiva en la Naturaleza” (2014, 104). Así, control y predicción son los recursos de la teorización científica que ofrecen la protección y orientación ante las eventualidades de la naturaleza, la adquisición de recursos básicos de vida y el mecanismo de impulso para el propio progreso científico-tecnológico. Por su parte, esta descripción y este control sobre la Naturaleza se sustentan en los mecanismos de producción de conocimiento que garantizan racionalmente lo que es la Naturaleza, y el porqué y el cómo se comporta de la manera en que lo hace. Estos medios indagatorio-cognitivos de la Ciencia reciben su soporte teórico y ontológico en las leyes de la Naturaleza. Son ellas las que estructuran nuestra comprensión de los sucesos del pasado y del presente, mismos que conducen a la previsión del futuro; y esta labor recae fundamentalmente sobre la explicación y la predicción; éstas representan los más rigurosos estándares de racionalidad y objetividad de la investigación científica. Asimismo, es por medio de un mecanismo lógico y una optimización de los recursos extraídos de la Naturaleza —y guiados por la sistematización cognitiva—, que explicación y predicción permiten la comprensión sobre los objetos, eventos y dinámicas de la naturaleza de una manera muy segura y correcta: “es parte de la esencia de las Ciencias de la Naturaleza, en la frontera de la investigación, buscar caracterizar exactamente los procesos de la naturaleza y describir sus operaciones con total generalidad y detalle preciso. […] Cortejamos deliberadamente el riesgo al apuntar a la máxima precisión y, por lo tanto, a la máxima informatividad y capacidad de prueba” (2014, 96-97). Esto hace de la Ciencia una empresa altamente exigente, en constante progreso e innovación y proyectada hacia una más exacta y definitiva representación racional de la realidad. Ciencia y pragmatismo ¿Cuáles son los criterios que fundamentan el carácter racional de la Ciencia? Esto teniendo en cuenta que es sobre la racionalidad que pivota la labor teórica y práctica de la Ciencia en su esfuerzo por ofrecer conocimiento acerca del mundo. Este es un factor medular: “La cuestión central es la siguiente: ¿Cuál es la justificación o legitimación racional apropiada de las pretensiones del conocimiento?” (1977, 1). Es aquí donde los criterios y estándares de la racionalidad científica son determinados en función de un pragmatismo metodológico: “la Ciencia se destaca como superior en sus pretensiones de proporcionar un método de investigación apropiado sobre bases que son esencialmente pragmáticas” (2012, 124). Es decir, que “su racionalidad es pragmática en lugar de ‘teórica’, ‘histórica’ o ‘teórico-histórica’ […] este enfoque de la racionalidad está embebido de práctica —no es una ‘razón pura’—, y su visión de la actividad humana reclama siempre la racionalidad, sea de fines o bien de medios” (1999, 24-25). El pragmatismo metodológico se define de la siguiente manera: “es una posición que evalúa la asertividad de las tesis en términos de los procesos metodológicos de fundamentación y que valora la adecuación del método en función de la utilidad práctica y aplicativa —sistemáticamente considerada— de las tesis que avalan los métodos.” (2003, 22). Esto quiere decir que los estándares de racionalidad que ofrece el pragmatismo no descansan en los contenidos “útiles” de las tesis en sí mismas, sino en la manera como se obtienen tales contenidos, esto es, en la metodología pragmatista. Esta concepción pragmática no concibe el conocimiento científico como un conjunto de constructos teóricos aislados de la realidad, ni como meras prácticas o datos disociados de un sistema teórico. Por el contrario, esta dinámica interactiva entre teoría-práctica-metodología en la indagación, la producción y el avance del conocimiento científico funge como un sistema de autocontrol de calidad que confirma la índole autónoma, racional y pragmática de la empresa científica. Este carácter pragmático de la eficacia funcional de los objetivos de la Ciencia se puede apreciar en la interacción de sus actividades teórica y práctica: la calidad y veracidad de las elaboraciones teóricas se ve plasmada en la aplicación práctica exitosa, continua y progresiva. Indudablemente, no sería legítima una aceptación sobre la validez de las elaboraciones teóricas si ellas carecen de aplicación o intervención en la realidad, o por el sólo recurso instrumental que puedan ofrecer; de otro modo, cualquier otra representación cognoscitiva desprovista de precisión discursivo-conceptual y metodológica-demostrativa podría ser considerada como una respuesta alternativa no-racional a las teorías científicas. Rescher considera que no puede haber una evaluación externa a la Ciencia que pueda garantizar la adecuación a la realidad, ni tampoco sería fructuoso un intento de evaluar internamente tal adecuación en términos puramente teóricos. Esto debido a que los constructos meramente abstractos o especulativos pueden llevar a teorías o tesis que no ofrecen ninguna intervención predictiva en el mundo, ni ninguna comprobación empírica de los contenidos que proponen. Esto significa que la mejor manera de monitorear la funcionalidad, la adecuación y la veracidad del conocimiento científico es a través de la aplicación efectiva de los objetivos teóricos en la realidad empírica, junto a la realización exitosa de los objetivos prácticos. Es por ello que en el pragmatismo metodológico rescheriano la teoría queda subordinada a la práctica. Pragmatismo, racionalidad y tecnología Para la tesis de la primacía de la práctica debe haber una influencia recíproca entre teoría y praxis, pero sobre todo una preeminencia de la praxis efectiva para la aceptación de la objetividad, la veracidad y la racionalidad del conocimiento científico. Un conocimiento que, al mismo tiempo, debe producir un continuo y notorio avance: nuevos descubrimientos, más y mejor maquinaría de control, ampliación de las teorías, etc. Así, un progreso en el control y la predicción de la realidad conlleva una innovación tecnológica cada vez más sofisticada y compleja —situación que está coherentemente respaldada por fuentes teóricas también de alta sofisticación y complejidad. “La nueva tecnología aumenta nuestro rango de acceso dentro del espacio paramétrico de los procesos físicos. Este mayor acceso saca a la luz nuevos fenómenos, y el examen y la acomodación teórica de estos fenómenos son la base para el crecimiento de nuestra comprensión científica de la naturaleza.” (1996, 38). De manera que es sobre una tecnología siempre en desarrollo que recae el impulso del progreso científico. Por ese motivo —y al igual que en la Ciencia—, la racionalidad también juega un papel determinante en la tecnología. La racionalidad tecnológica se puede entender desde dos ángulos: uno interno, correspondiente al logro efectivo de los fines; y el otro externo, referido al uso humano racional de la tecnología. Este tipo de racionalidad caracteriza a ambas perspectivas en cuanto a su dinámica teleológica en el logro de los fines y las repercusiones para la vida humana. Esto advierte sobre una complementación entre la racionalidad práctica y la evaluativa en pro del bienestar humano. Finalmente, podríamos reconocer un importante vínculo entre el desarrollo-bienestar humano y el progreso científico-tecnológico. No es posible concebir una vida humana en la sociedad contemporánea sin las implementaciones de la Tecnología: “Sus contribuciones [de la Tecnología] a nuestra salud y comodidad, a nuestra esperanza de vida y al bienestar material, han propiciado la puesta en práctica de unas condiciones de vida manifiestamente superiores a cualquier otra etapa anterior. Sin embargo, al mismo tiempo, ha traído consigo la constatación de enormes peligros y amenazas” (1999, 170). Pero aun teniendo una gran preponderancia para el progreso humano, la tecnología también conlleva peligros y limitaciones que representan “fuentes potenciales de infelicidad”. Esto supone un reto muy significativo para la sociedad contemporánea, por cuanto es una relación beneficio-perjuicio “bastante compleja, de modo que se han de indagar cuestiones que no sólo son interesantes e importantes sino también conflictivas”. Por tanto, es una situación que demanda una evaluación racional y ética que contribuya con una concepción equilibrada y sensata de la tecnología en su relación con el bienestar humano. Bibliografía Rescher, N. y Morgan, J., “Philosophical Purpose and Purposive Philosophy: An Interview with Nicholas Rescher”, Journal of Critical Realism, v. 19:1, 58-77, (2019), p.2. DOI: 10.1080/14767430.2019.1695085 Rescher, N., Pragmatism: The Restoration of its Scientific Roots, Transaction Publishers, New Brunswick, 2012. ___________, Rationality in pragmatic perspective, The Edwin Mellen Press, New York, 2003. ___________, Razón y valores en la Era científico-tecnológica, Ediciones Paidós, Barcelona, 1999.

___________, Priceless Knowledge? Natural Science in Economic Perspective, Rowman & Littlefield, MD, 1996. ___________, Induction. An Essay on the Justification of inductive Reasoning, University of Pittsburgh Press, Pittsburgh, 1980. ___________, Methodological Pragmatism: A Systems-Theoretic Approach to the Theory of Knowledge, Basil Blackwell, Oxford, 1977.


 
 
 

Comments


bottom of page