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La causalidad indeterminista ante la Ciencia y desde la Filosofía






“A pesar de que la Física ha introducido el indeterminismo como el carácter fundamental de la realidad material, y con ello la supuesta anulación del principio de causalidad, los filósofos se han esforzado en proponer racionalmente una causalidad que explique los sucesos que no están totalmente determinados.”


Conceptos:

Determinismo científico: con el conocimiento de mediciones (condiciones) iniciales, es posible prever con certeza el resultado de cualquier medición ulterior.

Indeterminismo científico: es imposible, cualquiera que sea la medición efectuada, prever con certeza el resultado de cualquier medición ulterior.

Causa: condición (causa) sin la cual un suceso (efecto) no hubiera tenido lugar:

causa → efecto

Determinismo causal: las mismas causas siempre producen los mismos efectos.

Indeterminismo cuántico: es imposible medir simultáneamente con precisión la posición y la cantidad de movimiento de un partícula elemental; no es posible determinar con precisión las condiciones iniciales.

Probabilidad: explicación a los fenómenos estocásticos.

Probabilidad subjetiva o de creencia: la probabilidad no se refiere al mundo, sino a nuestro conocimiento; la probabilidad es la medida de nuestra ignorancia. Se considera condicionada p(x | s, c, e): dicha probabilidad depende del grado de creencia de cierto sujeto s en cierta circunstancia c a la luz de la evidencia e de que dispone el sujeto.

Probabilidad objetiva-frecuencial: las probabilidades empíricas objetivas se identifican con, o a partir de, frecuencias relativas.

Se llama frecuencia absoluta de un suceso A al número de veces que se verifica A al realizar el experimento un número determinado de veces.

Se llama frecuencia relativa de un suceso A al cociente entre su frecuencia absoluta y el número de veces que se realiza el experimento



Crítica al instrumentalismo probabilista


El instrumentalismo tiene sus principales ideas en la crítica que realiza George Berkeley a la nueva Ciencia que incursionaba de la mano de Newton, describiéndola como una mera “hipótesis matemática”, para el “cálculo y la predicción de los fenómenos o apariencias”[1], y que ha llegado a convertirse para la teoría física actual en un dogma aceptado considerada como la concepción oficial. Esta instauración dominante del instrumentalismo en la Ciencia se ha logrado gracias a un problema de comprensión radicado indudablemente en el rechazo al realismo metafísico y sus derivaciones aplicado a las teorías científicas, específicamente a la teoría cuántica y el correspondiente éxito práctico de sus aplicaciones puramente formalistas. Aquí, la teoría cuántica representa un cambio paradigmático en las concepciones filosóficas de la realidad, y, también, en cuanto a la posición del indagador. Esta teoría científica trata y altera algunas concepciones propiamente filosóficas que son fundamentales para la disposición e inteligibilidad de lo real, como lo son el determinismo, la causalidad, el realismo y el objetivismo, principalmente.


La llamada interpretación de Copenhague —el dogma dominante—, descrita por Karl Popper, siguiendo la declaración de Werner Heisenberg y las tesis de Niels Bohr, con estas palabras: “ꞌla realidad objetiva se ha esfumadoꞌ y que la mecánica cuántica no presenta partículas, sino más bien nuestro conocimiento, nuestra observación, nuestra conciencia de las partículas”. Así, la tesis sostenida por la escuela de Copenhague parece sugerir, a partir del probabilismo procedente del indeterminismo cuántico, que la conciencia del investigador (observador) cumple una función determinante en la constitución misma de la realidad, en este caso, de la realidad microscópica, la estructura fundamental del mundo físico. Con esto se establece la preeminencia del sujeto por sobre lo real: “sería la negación absoluta de cualquier noción de un mundo objetivo que exista con independencia de nuestras tentativas de llegar a conocerlo, sustituyendo esta tradicional concepción objetivista por algún tipo de versión de una imagen bohriana, en la que el mundo está descrito por estados cuánticos, pero estos estados son de suyo relativos a la elección de una medición a realizar”[2].


Esa mediación determinante del observador en la teoría cuántica hace que el cálculo probabilístico al que se recurre para poder explicar las relaciones de indeterminación de las partículas elementales en su impulso y posición, resulte en una interpretación subjetivista de la probabilidad. Tal probabilidad es producto de las propias consideraciones del observador, de su ignorancia o conocimiento imperfecto de las mencionadas relaciones subatómicas. Eyvind Wichmann afirma: “Cuando aceptamos la mecánica cuántica como teoría nuestra, introducimos con ello una indeterminación en la manera como describimos la naturaleza […] habrá siempre una medición, el resultado de la cual no se puede predecir en ningún caso particular […] si las mediciones de hicieran de una mejor manera, las conclusiones serían diferentes”[3].


Esto indicaría que la probabilidad de que suceda un acontecimiento —esto es, de que eventualmente el suceso se dé, y no solamente de que la probabilidad en su cálculo puramente formal resida en la ignorancia parcial del sujeto— dependería de la exigua evidencia que conforma el conocimiento del observador. Popper ejemplifica de la siguiente forma: “entonces p(a,b) es, precisamente, el grado en el que nuestro conocimiento efectivo total b justifica racionalmente un a hipotético o dudoso”[4]. De acuerdo con esto, se hace patente una dependencia total en la información pertinente que el sujeto b posea o no con anterioridad del suceso a, para así poder establecer el valor verdadero de p(a,b), esto es, el valor para poder determinar la posibilidad real de p(a,b). Esta probabilidad condicional subjetivista presenta varias inconsistencias, como por ejemplo, que la probabilidad dependería condicionalmente del espectador, las circunstancias y la evidencia, dando como fórmula lo siguiente: p(a,e,c,e), lo cual no se ajusta a la formula propia del cálculo de la probabilidad condicional: p(a,b). Pero la principal crítica se dirige contra la primacía-dependencia del conocimiento o a la ignorancia por parte del sujeto, ya que la realidad de suyo no puede acaecer o constituirse ontológicamente por la arbitrariedad y limitación del sujeto cognoscente. En consonancia, Mario Bunge ratifica de la siguiente manera: “Si las probabilidades no son sino credibilidades (o verosimilitudes, o grados de certidumbre), ¿cómo es que todas las probabilidades que encontramos en la Ciencia fáctica y en la técnica son probabilidades de estados de cosas concretas (átomos, campos, organismos, sociedades, etc.) o probabilidades de sucesos que ocurren en cosas concretas, independientemente de las credibilidades que el personalista pueda asignarles a las hipótesis acerca de dichos hechos?”[5].


Por su parte, la teoría de la probabilidad objetiva frecuencial, en su labor interpretativa-explicativa de los sucesos estocásticos, tampoco sería una opción viable, dado que no cumple con las exigencias realistas; y que aunque siendo objetiva, resulta en un instrumentalismo ensimismado que no llega a descubrir la realidad. Popper la define con estos términos: “La interpretación frecuencial siempre considera la probabilidad como relativa respecto a una sucesión que se supone ꞌdadaꞌ: y opera con el supuesto de que una probabilidad es una propiedad de una sucesión dada”[6]. Es claro que esta interpretación probabilística es objetiva porque se basa ya no en el conocimiento que posea o no el sujeto, sino más bien en la observación de una sucesión de acontecimientos objetivos; y es precisamente en esa sucesión en donde reside su problema, por cuanto la interpretación frecuencial depende de muestreos de sucesiones infinitas o, muy largas que a su vez tendrían que ser efectivas-observadas. Pero esto provocaría solamente una estadística correspondiente a la frecuencia relativa de un suceso A: el cociente entre su frecuencia absoluta y el número de veces que se realiza un experimento, que viene dada por:





donde fa(A) es la frecuencia absoluta de un suceso A: el número de veces que se verifica A al realizar el experimento un número n determinado de veces. De modo que la fr(A) sería solo un dato acerca del comportamiento aleatorio-repetitivo de un determinado suceso A, y no, evidentemente, una explicación del porqué de un suceso singular aleatorio, lo cual estaría dejando por fuera el componente ontológico que daría cuenta del porqué de una determinada frecuencia estadística relativa. Aquí es donde surge la propuesta popperiana de las propensiones metafísicas, o lo que es lo mismo que tendencias o disposiciones como las propiedades disposicionales objetivo-reales de un determinado suceso, que al mismo tiempo podrían ser contrastadas por medio de frecuencias y que también darían lugar a las mismas frecuencias estadísticas. De manera que, a diferencia de la propensión, la probabilidad como frecuencia se reduce a un mero muestreo o porcentaje acerca de una colección de sucesos que se suponen como efectivos, y que no hacen una verdadera descripción o descubrimiento del mundo, sino estrictamente una acción operativa sobre datos.


De acuerdo con Popper, lo propio del instrumentalismo consiste en ser una ayuda para poder deducir B a partir de A; su función relevante es hacer posible las inferencias, los cálculos, las mediciones, etc., pero que en última instancia se reducen a sus mismas operaciones. Por ello, el problema del instrumentalismo consiste en considerar a la Ciencia como un medio para formular deducciones y hacer predicciones sobre sucesos y nada más que eso. Su foco se central no está en la descripción-comprensión de la realidad, sino en la teoría misma, en su coherencia interna, en su eficacia y su consiguiente aplicabilidad. Aquí reside la gran diferencia entre las teorías científicas “puras” y las reglas para el cálculo tecnológico (el puro instrumentalismo), por motivo de que estas últimas no pueden ser contrastadas para su debida refutación. No obstante, lo que sí sucede con ellas es que pueden ser no-aplicables o fallar en algunos casos, pero de igual forma, podrían seguir siendo utilizadas en otros. Por esa razón, a diferencia de las teorías científicas que buscan indagar en la realidad y realizar conjeturas verosímiles, las reglas instrumentalistas se convierten en un fin en sí mismo, sobrevalorando las operaciones que realizan y olvidándose precisamente de la realidad que las originó y de las conceptualizaciones realistas que conformaron las propias reglas. Y justamente en eso mismo ha caído el instrumentalismo científico con su negación de la independencia, primacía y verdadera descripción de lo real por sobre una conciencia productora; y, como consecuencia de esto, se da lugar, ineludiblemente, a la concepción antirrealista de la Ciencia . Así describe Bas Van Fraassen el alcance de las teorías científicas desde la perspectiva antirrealista: “Pero según el antirrealista, el proponente no afirma la teoría: la despliega y reclama ciertas virtudes para ella. Estas virtudes pueden no llegar a la verdad: adecuación empírica; quizás alcance, aceptabilidad para varios propósitos”[7].

Esta tendencia anti-racionalista del instrumentalismo implica que no hay acceso por parte de la razón humana hacia la realidad, que no hay conceptualización ni comprensión ni progreso científico o, en último término, que no hay conocimiento verdadero, es decir, no hay verdad (verosimilitud) en la Ciencia, solo hay utilidad. Pero esto no coincide con la historia de la Ciencia, la cual, si bien es cierto, ha sido participe de alcances parciales de la verdad, pero con todo alcances significativos —esto a partir de un realismo metafísico asumido—, que han contribuido al progreso humano, especialmente, ofreciendo una concepción verdadera del mundo.


La teoría de las propensiones


La teoría de las propensiones surge como una interpretación de la probabilidad en orden a dar una explicación-completitud de la teoría fundamental de la física, cuyo fin es el de dar una explicación coherente, racional y objetiva de los sucesos estocásticos propios del mundo subatómico, que fundamentalmente son sucesos singulares. Estos sucesos, en tanto que estados reales de partículas, para su explicación causal[8] requieren ser abordados desde una perspectiva ya no instrumentalista, sino metafísica. De ahí que la interpretación propensivista sea catalogada por Popper como un programa metafísico de investigación no contrastable, el cual pretende servir de base para los constructos científicos y, conjuntamente, determinar si se logra o no la precisión explicativa en la teoría científica.


La teoría de las propensiones se presenta como el intento de superación de la teoría frecuencial de la probabilidad, la cual no alcanza a dar cuenta de lo real-físico, sino que se remite a ser una propiedad del conjunto, una valoración de una probabilidad actualizada. Henry Kyburg puntualiza: “Mientras que el punto de vista frecuencial toma la probabilidad para pertenecer colectivamente a la secuencia que constituye la referencia de clase o el colectivo, el enfoque propensivista toma la probabilidad para pertenecer distributivamente como sucesos individuales de esa clase”[9]. Así que, las propensiones pueden cumplir con la función de explicar o dar razón de la frecuencia relativa, del porqué de ciertas propiedades estadísticas. Esto significa que las propensiones darían lugar, de acuerdo a unas condiciones específicas, a la posibilidad real —y su respectiva valoración posterior— del surgimiento de sucesos singulares aleatorios; lo cual llevaría a afirma que el fundamento del comportamiento aleatorio de la realidad microfísica estaría en las propensiones. Es en este punto en el que el se basa toda la argumentación filosófica para proponer la teoría de las propensiones como la mejor interpretación de las probabilidades singulares; mismas que fueron interpretadas por los teóricos cuánticos, según Popper, como formalmente singulares, esto es, como enunciados estadísticos sobre colectivos, por cuanto la teoría cuántica trata con mediciones a entidades reales, elementales-singulares en su comportamiento inexacto[10]. Tal comportamiento representa la confirmación de la presencia del indeterminismo en la realidad física, además de la probabilidad objetiva de tipo singular. De manera que las propensiones se constituyen como la disposición probabilista de la estructura física fundamental, y que a partir de sucesos singulares se posibilita una teoría cuántica que describe verdaderamente la estructura primordial de lo real: “Pero las probabilidades que la teoría determina son siempre las propensiones de las partículas a adoptar cierto estado bajo ciertas condiciones. […] Así pues, podemos describir el mundo físico como consistente en cambiantes propensiones al cambio. […] Este enfoque contiene la sugerencia de una teoría de la materia o de las partículas, según la cual éstas se interpretan como realizaciones de potencialidades o propensiones”[11].


Por otro lado, las propensiones son evaluadas básicamente con el cálculo de probabilidades condicionales, es decir, la probabilidad condicional de a dado b: p(a,b), o en otros términos, la propensión o tendencia que posee una determinado objeto o fenómeno de pasar del estado b al estado a. Esto significa que toda disposición física o experimental probable estará sujeta al condicionamiento de las propensiones, las que por su parte producen sucesiones posibles, y que, finalmente, son contrastadas por frecuencias estadísticas. Por lo que cuando un suceso singular tiene una propensión a ocurrir efectivamente, esto es, p(a,b)=1 —dadas las condiciones generadoras—, dicha ocurrencia singular se interpreta desde sus mismas propiedades disposicionales o propensiones, y correspondientemente, es medida por una frecuencia estadística potencial o virtual[12]. Se establece así que son las mismas propensiones las que ocasionan las sucesiones con frecuencias, y con éstas últimas, se manifiestan las probabilidades efectivas.


La estructura ontológica de las propensiones

Primeramente, las propensiones son realidades físicas que ocasionan ciertos fenómenos: son tendencias o disposiciones de situaciones físicas que se dan efectivamente en la realidad. Su constitución, en su referencia a lo real, es conjuntiva, es decir, que sus propiedades son relacionales, que involucran “al menos dos cosas”[13]. Esta característica remite hacia un sistema físico compuesto en el que las diversas condiciones específicas de una situación física provocan determinada particularidad aleatoria. E importante también que las propensiones no son propiedades inherentes ni exclusivas a una cosa concreta, como, por ejemplo, a un dado o una moneda, sino que éstas son algo más abstracto, de carácter primigenio, a manera de unas propiedades ocultas análogas a las fuerzas newtonianas, que se extienden a toda la realidad física elemental; esto como su componente productor y configurador, o más concretamente, que “la estructura de lo real son campos de propensiones”[14]. En conjunto, esto las constituye en una hipótesis metafísica no contrastable de momento, en la fundamentación ontológica de la probabilidad objetiva: “Propongo interpretar la probabilidad objetiva de un suceso singular como una medida de una propensión objetiva, de la fuerza de la tendencia, inherente a la situación física especificada, a realizar el suceso, a hacer que ocurra. […] son propiedades relacionales de la situación objetiva total; propiedades ocultas de una situación cuya dependencia precisa de la situación sólo podemos conjeturar”[15].


Con esto, el formalismo matemático propio de las interpretaciones instrumentalistas de la teoría cuántica da paso a un nivel de especulación situado en el ámbito propiamente metafísico. Estas propensiones pertenecen a un programa metafísico de investigación porque “son el resultado de una conceptualización general sobre la estructura del mundo y, al mismo tiempo, de concepciones generales sobre la situación de los problemas de la cosmología física”[16]; problemas que pueden ser solucionados por ideas metafísicas satisfactorias o aceptables, ofreciendo con ellas las respuestas que faciliten el perfeccionamiento y avance de la teorización científica. De esta forma se busca dar realización a una integración entre Ciencia y Filosofía, integración que se constituye como necesaria para alcanzar esa perspectiva coherente del mundo físico.


Mario Bunge señala que la probabilidad como propensión explica no solamente sucesos (cambios) propiamente dichos, sino también los estados, es decir, que también los estados tienen probabilidades. No sólo las probabilidades de transición (que son condicionales), sino también las probabilidades absolutas (p.ej., de estados) pueden ser significativas. De ahí que la interpretación propensivista es la más adecuada, debido a que esta interpretación supone que las probabilidades son reales y no producto de la ignorancia del observador, lo cual es compatible con las teorías microfísicas referentes a cosas y sucesos individuales, esto es así porque con la interpretación propensivista la probabilidad es una propiedad de cada miembro individual, esto es, su inclinación o propensión a ocurrir.


Es así como la interpretación propensivista, con su marcado carácter ontológico, podría solucionar el problema, o, en términos popperianos, “el gran embrollo cuántico”, introducido por la teoría cuántica en su disociación con el realismo y el objetivismo. Con ese fin la interpretación propensivista intenta dar la completitud al formalismo matemático el cual no puede acceder a la realidad y, que por consiguiente, presenta una imagen imprecisa de la misma. Popper critica el formalismo experimental y dependiente del observador, sostenido principalmente por Niels Bohr, quien defiende la dualidad onda-partícula como necesaria para dar una descripción exhaustiva de los fenómenos, esto a pesar de que cada una de las propiedades se manifiesta en situaciones diferentes y excluyentes. Bohr, haciendo referencia al Principio de Complementariedad, afirma: “[…] sirve para simbolizar la limitación fundamental con que se tropieza en física atómica de la existencia objetiva de los fenómenos independiente de los medio de observación. […] Los conceptos a los que se hace referencia son los de onda y de partícula que, a pesar de que ꞌrepresentanꞌ manifestaciones diferentes y contrarias son necesarios para una descripción exhaustiva de los fenómenos, ambos explican características igualmente importantes de los fenómenos luminosos”[17].


La propuesta de las propensiones busca explicar el comportamiento cuántico de las partículas con su ambigüedad dual postulada y, además, superar el formalismo estadístico. Todo esto con las propensiones reales, que son las que producen el dinamismo de las partículas y, al mismo tiempo, son proclives a adquirir un cierto estado bajo ciertas condiciones; y también las ondas, que en este caso “describen propiedades disposicionales de las partículas”[18]. “La realidad, finalmente, estará compuesta de partículas y campos de propensiones, los cuales son objetivos y medibles precisamente a través de las leyes estadísticas”[19]. Con esto, se hace una especulación filosófica aplicada a la teoría física para concluir que las propensiones producen el carácter tendencial no dual o variable del estado de las partículas en su situación estructural de conjunto: “la concepción de que las propensiones son reales; que son descritas por ecuaciones de campos; que las partículas pueden ser producidas por propensiones y que al menos hasta cierto punto, las partículas son propensiones”[20].


Causalidad indeterminista


El principio de causalidad por ser un principio metafísico queda fuera del ámbito de análisis de la Ciencia . Pero esto no implica el rechazo a tal principio, ya que es imprescindible para el científico en su intento por encontrar leyes que le permitan deducir explicaciones y predicciones sobre el Universo; e incluso, no existe incompatibilidad en el enlace entre leyes causales o deterministas (enunciados precisos) y leyes probabilísticas (predicciones frecuenciales): “No existe nada en estas dos tareas [leyes deterministas y leyes probabilísticas] que las haga mutuamente incompatibles en ningún respecto: sin duda alguna, no ocurre siempre que presentemos enunciados precisos no debemos hacer hipótesis frecuenciales, pues a algunos de aquéllos corresponden macro-leyes deductibles de asunciones frecuenciales”[21]. Además: “[…] ni cesaremos en nuestros intentos de explicar causalmente todo tipo de acontecimientos que podamos describir: esta regla guía al investigador científico en su tarea. […] pero negar la causalidad sería lo mismo que intentar persuadir al teórico de que abandone su búsqueda”[22].

En virtud de lo mencionado, es claro que no hay un rechazo del principio de causalidad, entendido éste como las condiciones iniciales que permiten explicar un suceso específico (efecto), el cual puede ser probabilístico. Y de esta forma identificamos un primer vínculo entre causalidad e indeterminismo.


A partir de las características asociadas a las propensiones en su función interpretativa y explicativa se manifiestan ciertas propiedades que corresponden debidamente a la causalidad, como por ejemplo, que las propensiones se constituyen como la causa de fenómenos, propiedades, comportamientos, ocurrencias, etc., de los sucesos singulares en su situación de conjunto. Igualmente, la propensión es la que influye realmente ontológicamente en el realizarse, en el sucederse de los fenómenos, en este caso probabilístico-indeterminados. Esto quiere decir que la producción característica principal de la causalidad de un efecto físico dependería de las propensiones, constituidas así como las condiciones iniciales que explicarían el suceder dicho efecto. Vemos, incluso, una relación entre causalidad y propensión, en un sentido de condición límite de propensión: “La propensión 1 es el caso especial de una clásica fuerza en acción: una causa cuando produce un efecto. Si la propensión es inferior a 1, entonces esta puede ser concebida como la existencia de fuerzas que compiten empujando en varias direcciones opuestas, pero no produciendo o controlando todavía un proceso real”. Por supuesto que dicha realización o fuerza en acción no puede ser predicha ni conocida antes de que acontezca efectivamente.


Un aspecto que es importante destacar de la causalidad es que, en tanto condiciones iniciales, no está asociada necesariamente al determinismo; esto a razón de que el hecho de que para predecir o explicar un suceso cualquiera con precisión absoluta, el determinismo científico requiere que las condiciones iniciales estén totalmente especificadas, situación que como es bien sabida no se da en todos los casos. Pero en el caso de que las condiciones iniciales no se conozcan con precisión absoluta, lo que da como resultado la imprecisión en la predicción, no es un indicativo de la ausencia temporal u ontológica de tales condiciones. De ahí que las condiciones iniciales o la causalidad siempre prevalezcan, pero no así el determinismo, teniendo en cuenta que la permanencia de las condiciones iniciales es indispensable para hacer inteligibles los fenómenos físicos que se manifiestan, en este caso probabilísticamente. Además, es evidente el hecho de que estos problemas físicos de tipo probabilista formulan preguntas estadísticas, lo que requiere, por tanto, de una contestación desde una teoría probabilista-metafísica. Es aquí donde se percibe la necesidad de postular una causalidad, es decir, unas condiciones iniciales que provoquen o que produzcan la ocurrencia de un suceso. Esta ocurrencia es dada ya no de manera necesaria, o lo que es lo mismo decir: que no toda causa produce siempre los mismos efectos. Por esa razón, la causalidad indeterminista, a diferencia de la determinista, provoca una distribución probabilística, una causación que da lugar a una dinámica estocástica. Esta distribución, desde la interpretación propensivista, es producida por unas condiciones iniciales propias de una situación de conjunto, de respectividad de la realidad natural; lo que significa que una serie de elementos relacionados o conjuntados entre sí hacen posible, o más exactamente, causan producen la propensión para la ocurrencia de un suceso, claro está, de manera probable.


Todo esto demanda una causalidad de tipo indeterminista por motivo de la producción fluctuante de los resultados. Lawrence Sklar apunta: “cuando explicamos probabilísticamente un suceso es ubicar dicho suceso en una estructura de relaciones causales, donde la estructura revelada es probabilística, bien porque las relaciones causales son intrínsecamente indeterministas, bien porque se están considerando simultáneamente un número de evoluciones causales alternativas”[25]. Por tanto, puede afirmarse que la causalidad indeterminista debe provocar diferentes efectos que pertenecen a alguna clase específica de posibles resultados[26]. De aquí que las propensiones adoptan y propician una serie posible de estados aleatorios con sus correspondientes valores dadas determinas condiciones, uniendo así, el indeterminismo o la imprecisión de los sucesos con la regularidad causal, que es la que produce y distribuye las probabilidades; Popper puntualiza: “en general, consideramos que las propensiones asumen, bajo determinadas condiciones, uno u otro de una serie de estados ꞌposiblesꞌ (o ꞌvirtualesꞌ)”[27].


Son esas condiciones iniciales ocultas, las propensiones, las que van a poder explicar teóricamente y a fundamentar ontológicamente los diferentes fenómenos estocásticos, e igualmente, poder distribuirlos de distintas maneras dentro de una probabilidad específica. En conclusión, “suponemos que es válida una teoría de medida no estadística de la probabilidad para la distribución de nuestras condiciones iniciales y que esta teoría de la probabilidad tiene que interpretarse físicamente (yo sugiero que por propensiones)”[28].


En definitiva, las propensiones tienen la viabilidad de asumir la condición de una causalidad indeterminista, y así adjudicarse filosóficamente el poder dar razón de los sucesos que no están totalmente determinados causalmente. De igual forma, la interpretación propensivista se constituye como una respuesta racional y coherente al problema de la probabilidad, que es lo que la teoría científica demanda para una resolución acorde con la aproximación a la verdad.






Notas:

[1] CYF, p. 132.


[2] Sklar, L., Filosofía de la física. Alianza Editorial, Madrid, 1994. p. 323.


[3] Wichmann, E. H., Física Cuántica. Editorial Reverté, Barcelona, 1986. p. 287.


[4] ROC, p. 336.


[5] Bunge, Racionalismo y realismo. p. 136.


[6] ROC, p. 395.


[7] Van Fraassen, B, C., La imagen científica. Editorial Paidos, México, D.F, 1996. p. 26.


[8] A pesar de que se sostiene que existen explicaciones no causales, como es el caso de las explicaciones estructurales, que apelan a leyes de coexistencia, también se afirma que dichas explicaciones dependen de explicaciones causales previas, las cuales están en conexión necesaria con tales explicaciones que no apelan a la causalidad. Igualmente, se alega que de no haber referencia a la causalidad en una explicación teórica, tal teoría sería altamente predictiva pero no explicativa. Para un desarrollo de este tema véase Diez, J. A., Moulines, C. U., Fundamentos de filosofía de la Ciencia. Ariel, Barcelona, (2008). pp. 229- 280.


[9] Kyburg, H. E. Jr., Teng, C. M., Uncertain Inference. Cambridge University Press, Cambridge, 2003. p.78.


[10] E. H. Wichmann afirma: “Una partícula física real es un ente irreducible único, y sus propiedades ondulatorias, al igual que sus propiedades corpusculares, son manifestaciones de aspectos diferentes de su naturaleza intrínseca”. Además concluye que en cuanto a las predicciones exactas de las mediciones descritas por la función de onda, “introducimos con ello una indeterminación en la manera como describimos la naturaleza”. Véase, Física Cuántica. Editorial Reverté, Barcelona, (1984). pp. 248, 287.


[11] TCCF, pp. 145, 176.


[12] Popper sostiene que la frecuencia virtual se utiliza para conjeturar las mediciones de secuencias muy cortas o muy largas o que varían con el tiempo, las cuales se someten a prueba con secuencias reales de sucesos.


[13] Craig Dilworth subraya que una implicación importante de la interpretación propensivista es que las

probabilidades son “propiedades objetivas de un estado de cosas y no dependientes del conocimiento de un observador”. Véase The Metaphysics of Science, An Account of Modern Science in terms of Principles, Laws and Theories, Springer, Dordrecht, (2006). p. 175.


[14] Queraltó, R., “Realismo epistemológico y teoría de las propensiones en Popper”, en Ciencia, sociedad y mundo abierto, Homenaje a Karl R. Popper, Eugenio Moya (Ed.) Editorial Comares, Granada, 2004. p. 269.


[15] ROC, pp. 434, 398.


[16] TCCF, p. 177.


[17] Bohr, N., Física atómica y conocimiento humano. Aguilar, Madrid, 1964. pp. 10, 7.


[18] TCCF, p. 145.


[19] Queraltó, M, Karl Popper, de la epistemología a la metafísica. Universidad de Sevilla, 1996. p. 124.


[20] TCCF, p. 209.


[21] LIC, p. 290


[22] Ibid, pp. 73-74, 291.


[23] Popper sostiene que el objetivo de la Ciencia es encontrar explicaciones satisfactorias, esto bajo la forma universalmente aceptada para la explicación científica: explicandum (acontecimiento concreto), aquello por explicar y explicans (leyes generales) lo que explica; en Lógica de la investigación científica, pp. 72ss; también en C. Hempel, en La explicación científica. Estudios sobre filosofía de la Ciencia, pp. 325-332. Además, según Popper, el explicandum debe ser verdadero, es decir, debe hacer referencia a hechos verdaderos y no imaginarios. Véase (2011a, 171-189). La explicación nomológica-deductiva fue desarrollada posteriormente en 1948 por Hempel- Oppenheim en Studies in the Logic of Explanation, Philosophy of Science, Vol. 15, No. 2. (1948), pp. 135-175.


[24] TCCF, p. 209.


[25] Sklar, L., Filosofía de la física. p. 158.


[26] Ideas en relación a este tema se encuentran desarrolladas en Fetzer, J. H. (ed.) Probability and Causality, Essays in Honor of Wesley C. Salmon. D. Reidel Publishing Company, Dordrecht, Holland, (1988). pp. 109ss.


[27] UA, pp. 116-117.


[28] UA, p. 121.

 
 
 

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