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El resurgir de la metafísica desde la filosofía de la ciencia de Karl Popper


"The man who is ready to prove that metaphysical knowledge is imposible... is a brother metaphysician with a rival theory of first principles. One can abandon philosophy, but one cannot advocate its abandonment through rational argumentation without philosophizing" ​ Nicholas Rescher.



Conceptos:

Criterio de demarcación científica: teoría filosófica que pretende diferenciar la Ciencia de la no-ciencia (pseudo-ciencia, metafísica, mitología, etc.)


Verificacionismo: Si una expresión o enunciado no pertenece a un sistema formal o si no es susceptible de verificación empírica, debe ser excluida del ámbito de la Ciencia. La Ciencia es predominantemente inductiva.


Falsacionismo: una teoría es falsada cuando se descubre un hecho que la desmiente o, más específicamente, cuando se puede deducir de la teoría un enunciado singular predictivo que no la verifica. La Ciencia es predominantemente hipotética-deductiva.


Formalizada lógicamente la falsación de un enunciado universal (teórico) queda así:


x(PxQx) se lee: para todo x, si x es P, x es Q (e.j.: toda entidad física es afectada por la gravitación universal)

Ǝx(Px ∧ ¬Qx) se lee: hay un x tal que, x es P, y x no es Q

(e.j.: hay alguna entidad física que no es afectada por la gravitación universal)




Falsabilidad y metafísica

Desde el inicio de su carrera intelectual, el filósofo Karl R. Popper no se suscribe al programa inductivista y verificacionista propuesto por los representantes de Círculo de Viena[1], sino que su posición era la de ser un crítico a sus propuestas, como él mismo lo afirma en su Autobiografía intelectual haciendo referencia a la muerte de positivismo lógico, así sentencia: “mi única intención era poner de relieve lo que parecía ser una serie de errores fundamentales. […] sólo esperaba presentar un desafío a mis amigos y oponentes positivistas”[2]. Con ello, el filósofo vienés advertía, entre otras cosas, de las inconsistencias de las tesis de los positivistas en su intento por derribar a la metafísica, por cuanto con dicho intento se estaba también derribado a la Ciencia misma con sus leyes naturales. Esto es debido a que dichas leyes no pueden ser verificadas por enunciados particulares extraídos de la experiencia, o en otros términos, que ninguna teoría científica es confirmada desde una lógica inductiva, la cual exige el principio de verificación. Así pues, con el rechazo a la demarcación verificacionista, o el dogma positivista como lo llama Popper, y la consiguiente postulación de su criterio falsacionista, la metafísica quedará en un estatus en el que podría ser considerada como un tipo de conocimiento válido.

Al postular su criterio de demarcación falsacionista, Popper no pretende vincularlo al criterio de sentido positivista de los enunciados, ya que no lo considera apropiado para distinguir a la Ciencia de la no-ciencia o de la metafísica, pues el sentido de los enunciados no puede estar asociado a la verificabilidad; y así, el criterio falsacionista podría admitir para el ámbito científico a los enunciados no verificables; así lo confirma en la Lógica de la investigación científica con estos términos: “La falsabilidad separa dos tipos de enunciados perfectamente dotados de sentido, los falsables y los no falsables: traza una línea dentro del lenguaje con sentido, no alrededor de él”[4]. “Esta última afirmación es de relevancia extraordinaria para poder justificar más adelante la elaboración de un sistema metafísico ʽcon sentidoʼ, y que, sin embargo, no transgreda las exigencias del método crítico popperiano incluido el criterio de demarcación”[5]. De este modo, la metodología falsacionista abre una puerta para que otros conocimientos no basados en la verificación observacional puedan ser considerados a la hora de elaborar las teorías científicas.

Es así como Popper rechaza identificar demarcación o cientificidad con sentido —empírico—, dado que hay otros saberes no falsables que pueden tener sentido, y de hecho tales saberes le han servido a la Ciencia experimental-observacional para elaborar sus teorías[6]. Junto a esto, el filósofo agrega más adelante en su obra Conjeturas y Refutaciones una confirmación a la ineficacia del criterio de significado ofrecida principalmente por Rudolf Carnap[7], quien basa su argumentación —con el fin señalar a los enunciados metafísicos como pseudo-proposiciones— en lo que Popper llama lenguaje nominalista, que es aquel que asigna el significado a las palabras enumerativamente de acuerdo a una lista de cosas concretas-observadas. Según Popper, desde este tipo de lenguaje no es viable formular hipótesis ni teorías científicas, debido a que “todo lenguaje científico debe utilizar universales genuinos”[8], esto es, palabras que no correspondan a la observación directa de fenómenos. Al mismo tiempo, continuando con su crítica al criterio de sentido, el vienés considera que el lenguaje coherente no es exclusivo de la Ciencia empírica, porque esto equivaldría a negarle todo valor o consistencia a un lenguaje no formulado en términos estrictamente observacionales, situación que iría más allá de los alcances mismos de la Ciencia empírica, la cual a su vez, ha sido influenciada y configurada desde el propio lenguaje metafísico[9]. En palabras de Popper:

Es totalmente insuficiente elaborar una prueba de que la metafísica no puede ser expresada en lenguajes que basten para las necesidades de la Ciencia. Pero ni siquiera esta prueba insuficiente ha sido nunca ofrecida por nadie, a pesar de los muchos intentos de construir para la Ciencia lenguajes exentos de metafísica[10].

Rechazado categóricamente el principio neopositivista de la demarcación científica por verificación y, por tanto, la inferencia inductiva —dada la incapacidad de dichos principios de colocar a la Ciencia en un pedestal supremo como emblema de la racionalidad y a salvo de elementos metafísicos—, Popper propone su solución al problema de la demarcación basado en la inferencia deductiva. Es con la contrastación (falsación) de hipótesis conjeturadas creativamente, y su respectiva superación de los intentos de refutación, que se puede lograr la corroboración que sitúa a las hipótesis como las teorías que más se aproximan a la verdad. “En efecto, mientras que la inverificabilidad de una ley se sigue del hecho de que la inducción, en la cual se basa, no es una forma de razonamiento lógicamente válida, su falsación es el resultado de una inferencia deductiva correcta: de un contraejemplo a la negación de la ley” [11]. Así, las hipótesis o teorías científicas, ya no inferidas de la experiencia sino a partir de construcciones especulativas, de nuevas ideas o de intuiciones creadoras, dan lugar a unas deducciones que vienen a formar parte de la explicación o la resolución de una situación problemática, y que posteriormente serán contrastadas empíricamente para la validación de su estatus científico. Con esto, se abre una puerta para la aceptación de las teorías metafísicas dentro de un marco de racionalidad y objetividad crítica y como cimientos teóricos útiles y necesarios para el quehacer científico, situación que el filósofo confirmará y precisará en sus últimas obras. Así lo ratifica en su obra Conjeturas y Refutaciones:

Así, la Ciencia parte de problemas, y no de observaciones, aunque éstas pueden dar origen a un problema, especialmente si son inesperadas, vale decir, si chocan con nuestras expectativas o nuestras teorías. […] Pero si consideramos una teoría como una solución propuesta para un conjunto de problemas, entonces la teoría se presta inmediatamente a la discusión crítica, aunque no sea empírica ni refutable[12].

Pero a pesar de estos primeros acercamientos o de una inicial consideración de la metafísica, no hay todavía en Popper una clara concepción ni un interés primario por dicho saber especulativo —y el consiguiente abordaje a los problemas que la metafísica presenta. Esto podría ser debido a la centralidad del enfoque epistemológico imperante en su contexto inmediato. En esta primera etapa de su pensamiento no se resuelve sin ambages a favor de una elaboración argumentativa en pro de la metafísica y con el fin de colocarla en una posición de eficacia racional. Como queda bien claro desde la Lógica de la investigación científica cuando afirma en relación a la metafísica: “ideas de una índole puramente especulativa (y, a veces, sumamente brumosas): fe desprovista enteramente de garantías desde el punto de vista de la Ciencia”[13]. Es evidente que para ese momento Popper consideraba que las ideas metafísicas pueden tener alguna utilidad para la Ciencia, pero esas mismas ideas no tienen su misma objetividad ni firmeza racional. “Contempla [la metafísica] desde el ángulo psicológico: la adhesión subjetiva a algo especulativo. En ese periodo de publicaciones más influyentes, le confirió a la Metafísica meramente el status de una creencia subjetiva brumosa: pensaba que era una disciplina carente de garantías”[14]. De ahí que la conceptualización clara de la metafísica en cuanto a su irrefutabilidad y correspondiente análisis crítico quedará remitido a partir de lo que Wenceslao J. González llama “la fase de innovación epistemológica”[15], en la cual el filósofo vienés tratará el tema de la valoración y estatus racional de la metafísica.

El carácter racional de la metafísica

El establecimiento de un nuevo carácter para la metafísica viene acompañado del interés y, consecuente, análisis crítico, que el filósofo lleva a cabo de la teoría científica y sus inevitables implicaciones filosóficas. Es en la segunda mitad de la década de los años cincuenta en la que Popper concluye la redacción de su Postscriptum a la Lógica de la investigación científica, obra plasmada en tres volúmenes en los que aborda temas como el de la teoría cuántica, y esto con miras a la construcción de su cosmología filosófica.


Es desde la teoría cuántica con los problemas filosóficos que conlleva, como lo son la objetividad, el realismo y el indeterminismo, principalmente, que Popper ve la necesidad de revalorar a la metafísica —esto a causa del requerimiento que dicha teoría científica exige de concepciones ya no contrastables observacionalmente—; y es por ello que busca obtener un criterio sólido en cuanto a su valor cognoscitivo. Así afirma en respuesta a uno de sus críticos: “No, mi lucha por la objetividad (esta es la forma como yo describiría lo que Skolimowski llama mi periodo metafísico) comienza mucho antes. Comenzó con mi interés en la mecánica cuántica y el indeterminismo”[16]. Esa objetividad está plenamente asociada al realismo metafísico al que se adhiere, el cual tiene como fin describir verdaderamente la realidad.

Es así como esta nueva consideración de la metafísica queda confirmada a finales de la década de los años cincuenta cuando publica su artículo On the Status of Science and Metaphysics[17]. En ese artículo Popper sitúa a la metafísica en una posición de igualdad racional con las teorías científicas; esto quiere decir que la metafísica adquiere un nuevo e importante estatus en tanto fuente de conocimiento. Ahora la metafísica como conocimiento puramente especulativo adquiere el calificativo de conocimiento racional objetivo, claro está, un saber especulativo que sólo es válido en su vinculación a la Ciencia. Así, la metafísica como conocimiento especulativo acerca de la realidad en su carácter más general y radical se torna indispensable para el quehacer científico, específicamente como presupuestos ontológicos (y con sus repercusiones epistemológicas) que hacen posible la labor teórica que realiza la empresa científica. Popper es consciente de esta exigencia filosófica de la Ciencia, y por ello sostiene —ya desde la Lógica de la investigación científica— que el quehacer científico presupone ideas y principios metafísicos que le permiten llevar a cabo su labor. Este es el caso del realismo metafísico, el cual asegura que hay una realidad extramental con un determinado orden natural, y también la posibilidad del conocimiento objetivo, o lo que es lo mismo, el carácter racional de esa misma realidad que se puede conocer y comprender científicamente. Así lo asevera: “el método científico presupone la inmutabilidad de los procesos naturales, o el «principio de la uniformidad de la Naturaleza». […] expresan la fe metafísica en la existencia de regularidades en nuestro mundo”[18]. Y así lo ratifica posteriormente en el Post Scriptum a la Lógica de la investigación científica: “La Ciencia, en todas las épocas, ha sido profundamente influida por las ideas metafísicas; ciertas ideas y problemas metafísicos han dominado el desarrollo de la ciencia durante siglos, como ideas reguladoras”[19].

Es por ello que para validar el carácter racional de la metafísica, Popper debe, de acuerdo a su falsacionismo, examinar críticamente las teorías filosóficas irrefutables. De ahí que se pregunte: “¿es posible valorar racionalmente —esto es críticamente— una teoría irrefutable?”[20]; a lo que responde, que una teoría metafísica —que evidentemente no puede ser constrastada—, puede ser discutida y criticada en la medida en que intenta y logra dar solución a los cuestionamientos que surgen del carácter problemático de la realidad, una realidad que en su totalidad no puede ser abarcada y explicada por el sólo método científico. Por ello, la metafísica en tanto presupuestos o bases de la Ciencia, debe poseer un carácter racional, esto con el propósito de estar acorde con el conocimiento objetivo y racional que se le demanda a la misma Ciencia en su tarea de describir y explicar verdaderamente la realidad natural. Esto indica que la metafísica adquiere su valor como teoría racional solamente en su contribución a la resolución de problemas vinculados propiamente a la Ciencia. A este respecto el filósofo italiano Evandro Agazzi señala que:

Para estar de acuerdo con la racionalidad científica (no dogmáticamente limitada en sentido empirista radical), una metafísica cognoscitiva habrá de utilizar también ella, como instrumentos metodológicos, la empiria y el logos, y conceder a éste con toda seriedad la capacidad de mediar la experiencia y un uso sintético (es decir, capaz de alcanzar también conocimientos no empíricos) […] aun cuando hay que admitir que la racionalidad científica y la racionalidad metafísica no difieren, es importante tener en cuenta que la racionalidad metafísica se ejerce más allá del límite de la Ciencia, a causa del distinto punto de vista que adopta en su indagación cognoscitiva y de los distintos objetos a que se aplica[21].

Como indica Agazzi, la racionalidad metafísica está en sintonía total con la racionalidad científica puesto que indaga acerca de la realidad empírica con herramientas lógicas y epistemológicas propias del quehacer científico, todo con el objetivo de ofrecer teorías acertadas, pero, evidentemente, con alcances diferentes de acuerdo a sus respectivos ámbitos y herramientas conceptuales. Por ello, la metafísica debería asegurar su racionalidad de una forma distinta a la Ciencia, pero siempre con los parámetros establecidos que regulan el conocimiento teórico de la realidad. Así, para delimitar las teorías metafísicas que pueden ser verdaderas o útiles para tal labor racional, Popper propone una serie de preguntas que fungen como demarcadoras de la racionalidad metafísica:


Toda teoría racional, sea científica o filosófica, es racional en la medida en que trata de resolver ciertos problemas. Una teoría es comprensible y razonable sólo en relación con un conjunto de problemas dados y sólo puede ser discutida racionalmente mediante la discusión de esta relación. […] en tal caso podemos plantear cuestiones tales como: ¿resuelve el problema?, ¿lo resuelve mejor que otras teorías?, ¿ha desplazado, simplemente, el problema?, ¿es simple la solución?, ¿es fecunda?, ¿contradice a otras teorías filosóficas que son necesarias para resolver otros problemas?[22].

Esto quiere decir que para Popper el carácter problemático de la realidad exige no solamente el conocimiento racional procedente de la rigurosidad científica, sino también el aporte de la especulación filosófica, en este caso el de la metafísica, que es la que aborda la realidad desde una perspectiva más amplia y a un nivel aún más fundamental que el de la propia Ciencia. Esta postura estaría acorde con el carácter vasto, diverso y complejo de la realidad total, misma que ciertos ámbitos no admitiría el análisis cualitativo, experimental y matemático. Es aquí donde la reflexión conceptual y racional de la metafísica se torna fundamental.

El indeterminismo como programa metafísico de investigación

Declarada la paridad racional entre las teorías científicas y metafísicas, el filósofo vienés pasa a corroborar el aporte o el papel que han desempeñado las teorías metafísicas en la conformación y desarrollo de la Ciencia. Aquí Popper introduce el concepto “programa metafísico de investigación”, nombrado así porque representa un sistema conceptual no contrastable que realiza un análisis, con sus respectivas respuestas —y desde una perspectiva general— a los problemas que la indagación científica debe e intenta solucionar. De esta forma, el programa metafísico de investigación juega un papel normativo por cuanto determina cuál es el procedimiento a seguir a la hora de platear una problemática y sus posibles resoluciones teóricas. Esto significa que dichos programas, a partir de ideas intuitivo-especulativas acerca de alguna generalización, ofrecen una imagen unificada de la realidad, que a su vez, incluyen la problemática y, con ésta, la exigencia de una elaboración teórica, todo ello para alcanzar la debida comprensión científica. Tal es la manera como los programas metafísicos de investigación han puesto en acción a la Ciencia misma[23]. En palabras de Popper:

Los programas [metafísicos] de investigación de este tipo son, en general, indispensables para la Ciencia, aunque tenga el carácter de la física metafísica o especulativa y no el de la física científica. Originariamente, todos ellos eran metafísicos, prácticamente en todos los sentidos de la palabra (aunque con el tiempo, algunos de ellos se hicieron científicos) […] Pero contribuyeron a dar a la Ciencia sus problemas, sus propósitos y su inspiración[24].

El programa metafísico que se presenta como su “sueño de programa” es el indeterminismo metafísico. Este programa metafísico se establece a partir de la necesidad de resolver ciertos problemas ligados a la teoría científica, específicamente, la teoría cuántica. Esta teoría científica ha introducido en el ámbito de la física teórica una serie de cambios conceptuales cuyas implicaciones tienen alcances epistemológicos y ontológicos, y que incluso han llevado, según Popper, a un cisma en la física [25]. Los conceptos que esta teoría científica ha afectado y, que evidentemente llegan hasta el ámbito filosófico, son: el determinismo, el realismo y el objetivismo. En este caso, el determinismo ha sido desligado de la estructura primordial del mundo físico, o del carácter propio de la naturaleza, esto esencialmente con el principio de indeterminación de Heisenberg [26], el cual pone fin a la precisión absoluta en la Ciencia, y tal situación trae consigo decisivas implicaciones a la filosofía popperiana.

Popper rechaza el determinismo en sus dos principales formas: científico y metafísico. El determinismo científico asegura que es posible predecir cualquier sistema físico o suceso a partir de teorías con el conocimiento preciso de las condiciones iniciales. Por su parte, el metafísico afirma que todos los sucesos son fijos, o inalterables, o predeterminados, o dicho de otro modo, “el futuro está contenido en el presente, en la medida en que está plenamente determinado por el presente”[27]. Popper deja claro —siguiendo su metodología crítica de la Ciencia— que el determinismo científico puede ser refutado, pero el metafísico sólo criticándolo a partir de si resuelve o no problemas relacionados a una teoría científica; pero también afirma que si se refuta el determinismo científico, el metafísico queda desechado y, en consecuencia, queda aprobado el indeterminismo.

La crítica popperiana al determinismo científico se fundamenta en que éste no se ajusta a la naturaleza primordial de lo real descrita por la teoría cuántica, la cual es carácter indeterminista; además de que no está acorde a su concepción epistemológica que sostiene la sola aproximación a la realidad, y, con ello, la imposibilidad del conocimiento exhaustivo, o lo que es lo mismo, la limitación del conocimiento científico. Son estos aspectos epistemológicos y ontológicos los que impiden sostener o admitir el determinismo científico.

Primeramente, Popper sostiene que si bien pueden haber leyes precisas en la naturaleza, estas leyes siempre son hipótesis, lo que significa que siempre pueden ser modificadas, cambiadas o superadas por otras que se ajusten más a una mejor descripción del mundo. Asimismo, dichas leyes pueden derivarse de leyes probabilísticas, por lo que la precisión total ya no estaría asegurada[28]. Las leyes y, por tanto, las teorías científicas presentan siempre una imagen hipotética de la estructura del mundo; aquí Popper utiliza una metáfora para ejemplificar el alcance de las teorías: son como “redes creadas por nosotros para atrapar el mundo […] pero sus mallas siempre dejarán escapar algún pequeño pez: siempre habrá suficiente juego para el indeterminismo”[29]; dando a entender con esto que toda teoría científica es falible y su alcance para una representación del mundo es siempre limitado; en definitiva, que toda teoría y todo conocimiento científico resultan ser solamente una aproximación a la realidad. “El progreso científico se expresa pues, para Popper por medio de aproximaciones”[30]. De esta manera sentencia:

[las teorías] Son redes racionales hechas por nosotros mismos, y no deben confundirse con una representación completa del mundo real en todos sus aspectos, ni siquiera aunque tenga un gran éxito […] El carácter aproximado de todo conocimiento científico —la red cuya malla tratamos de hacer cada vez más fina— proporciona lo que me parece a mí que es el argumento filosóficamente más fundamental en contra del determinismo «científico» y a favor del indeterminismo[31].

Por otra parte, destaca lo que son las teorías deterministas prima facie como teorías físicas con gran precisión matemática en sus condiciones iniciales, que permiten describir el estado de un sistema en un instante específico del futuro; pero a la par advierte que la precisión en la predicción de una teoría no implica necesariamente la verdad del determinismo científico, ya que este último hace referencia a propiedades ontológicas del mundo, a saber, que el mundo tiene un carácter intrínsecamente determinista. Esto no es lo mismo que afirmar la facultad que poseen tales teorías deterministas en predecir ciertas propiedades del mundo, sino que las propiedades del mundo descritas por una teoría verdadera no hacen referencia a que todas las propiedades del mundo pueden ser descritas o predichas por una teoría verdadera, o en otros términos, que las teorías físicas con gran precisión matemática o simplicidad no son lo mismo que un futuro ya pre-contenido en el pasado o en el presente. Esto se puede ver en el éxito parcial que ha tenido la Ciencia en su labor de predecir sucesos futuros, debido a que la precisión de las teorías se ajusta limitadamente a la regularidad presente en la naturaleza. Así ejemplifica:

El mundo, tal como lo conocemos, es enormemente complejo; y, aunque pueda tener aspectos estructurales que sean simples en un sentido u otro, la simplicidad de algunas de nuestras teorías —que son de nuestras propia creación— no entraña la simplicidad intrínseca del mundo. La situación respecto al determinismo es similar. La teoría de Newton, consistente en la ley de la inercia, la ley de la gravedad, etcétera, puede ser verdad, o aproximarse mucho a la verdad; es decir, el mundo puede ser como afirma la teoría que es. Pero no hay un enunciado de determinismo en esta teoría; la teoría no afirma en ningún momento que el mundo esté determinado; antes bien, es la propia teoría la que tiene ese carácter que yo he llamado «determinista prima facie»[32].

De este modo queda establecida la diferencia entre el determinismo científico y el determinismo prima facie que es el que permite poder hacer ciertas predicciones o poder dar razón al porqué de ciertos fenómenos naturales apelando a la causalidad pero no al determinismo. Aquí se hace una importante distinción entre la causalidad y el determinismo —tradicionalmente asociados—, indicando que la causalidad (condiciones iniciales) es necesaria para poder explicar y predecir científicamente, pero el determinismo —científico— no sería viable por cuanto está asociado al principio de “poder dar razón”. Este principio tendría que explicar el grado de imprecisión de las condiciones iniciales por el cual la predicción no se obtuvo con precisión absoluta o no fue posible la predicción en absoluto. Esto significa que el principio de poder dar razón tendría que predecir el fallo en la predicción de algunos sucesos señalando el grado de imprecisión de la predicción, algo de por sí imposible [33]. Por su parte, el principio de causalidad permite explicar los diferentes fenómenos, esto a partir de leyes y condiciones iniciales, mismas, que como mencionamos, nunca se dan con absoluta precisión.

En continuidad con la línea crítica antes expuesta, Popper presenta su segundo argumento en contra del determinismo, este es, la asimetría entre el pasado y el futuro. Es en razón de que no hay una predictibilidad absoluta, lo que significa que no todos los sucesos están absolutamente predeterminados o no hay un conocimiento exhaustivo de las condiciones iniciales, es por ello que el conocimiento científico no puede dar razón de lo que ha de suceder, como si la ocurrencia de los sucesos tuviera que darse irrevocablemente, porque ya están predeterminados en un pasado ahora inmutable. Con esto, se está afirmando que no hay simetría entre el pasado y el futuro, éste no depende de lo que sucedió en aquel, “el futuro —dice Popper— no está todavía completamente fijado; al contrario del pasado, que está cerrado, por decirlo así, el futuro está todavía abierto a influencias; todavía no está completamente determinado”[34]. De manera que siempre habrá lugar para nuevas posibilidades de realización, nuevas producciones, para cambios en relación a un pasado cerrado, e incluso al presente. Las futuras fases del Universo no están absolutamente determinadas a partir de los fenómenos físicos ya acontecidos, es decir, el futuro está abierto.



En definitiva, Popper deja ver claro desde su primera gran obra de carácter estrictamente epistemológico como lo es la Lógica de la investigación científica[35], la presencia de un fuerte interés cosmológico y cómo a partir de éste se fue dando lugar a un posterior programa especulativo que diera cuenta de las grandes preguntas que el pensamiento filosófico había planteado desde sus orígenes, a saber, cuál es la naturaleza o estructura del mundo o cómo se podría construir una imagen unificada de la realidad, que a la vez explique la gran diversidad de elementos que la componen[36]. Entendemos que dicho programa metafísico sólo pudo haberse desarrollado con propiedad después de haber criticado al imperante positivismo lógico del Círculo de Viena con su inductivismo y verificacionismo como enemigos u obstáculos de un posible programa metafísico. Y por esa razón, Popper no intenta, desde un inicio —a diferencia de la predominante en el Círculo de Viena—, atacar o destruir a la metafísica:



“Ni siquiera llego a afirmar que la metafísica carezca de valor para la Ciencia empírica. Pues no puede negarse que, así como ha habido ideas metafísicas que han puesto una barrera al avance de la Ciencia, han existido otras —tal el atomismo especulativo— que la han ayudado. Y si miramos el asunto desde un ángulo psicológico, me siento inclinado a pensar que la investigación científica es imposible sin fe en algunas ideas de una índole puramente especulativa (y, a veces, sumamente brumosas): fe desprovista enteramente de garantías desde el punto de vista de la Ciencia, y que —en la misma medida— es «metafísica»”[37].







Bibliografía:

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Notas:

[1] Programa verificacionista sostiene fundamentalmente que “todo enunciado con sentido puede ser traducido en un enunciado que se refiere a hechos, si no, tenemos un pseudoenunciado (las proposiciones de la metafísica)”. Dicc. de historia y filosofía de las ciencias. Ediciones Akal, Madrid. 2010. p. 1111.

[2] BST, pp. 115-117.

[3] Rivadulla, Rodríguez, A., Filosofía actual de la ciencia. Editora Nacional, Madrid, 1984. p. 52.

[4] LIC, p. 50.

[5] Queraltó, R., Karl Popper, de la epistemología a la metafísica. Universidad de Sevilla, Secretariado de publicaciones, Sevilla, 1996. p. 39.

[6] Popper sostiene que las mismas teorías científicas tienen su origen en mitos; véase, entre otros, en CYF, p. 314.

[7] La discusión en torno a este tema se desarrolla posteriormente con un enfoque en el lenguaje fisicalista, de la ciencia unificada, la confirmación o testabilidad, como alternativas a la verificabilidad y un esfuerzo por validar la lógica inductiva. Véase en CYF, pp. 322-354.

[8] CYF, p. 320.

[9] En su obra La Viena de Popper. Unión Editorial, Madrid, 2001. pp. 40-41. Dario Antiseri esquematiza las inconsistencias del principio de verificación de los neopositivistas de la siguiente manera, así afirma: “Pero no tardaron [los neopositivistas] en comprender que este principio era: a) en sí mismo metafísico; b) autocontradictorio; c) y no daba cuenta de las propias teorías (universales) de la ciencia.”

[10] CYF, pp. 321-322.

[11] Rivadulla, Rodríguez, A., Probabilidad e inferencia científica. Editorial Anthropos, Barcelona, 1991. p. 26.

[12] CYF, pp. 272, 245.

[13] Supra cit. p. 3, nota 5.

[14] González, W. J., “La evolución del Pensamiento de Popper”, en González, W. J. (ed), Karl Popper: Revisión de su legado. Unión Editorial, Madrid, 2004. p. 62.

[15] Wenceslao González asrgura que la fase de innovación epistemológica “abarca los años ssenta y los comienzos de la década siguiente. Se plasma en el desarrollo de una Epistemología evolutiva, que busca complementar los análisis lógico-metodológicos que habían prevalecido en su enfoque durante el periodo anterior (y, en gran medida, en la etapa previa de formación). Aparece entonces el libro Conjetures and Refutations. The Growth of Scientific Knowledge. En La predicción científica. Concepciones filosófico-metodológicas desde H. Reichenbach a N. Rescher. Ediciones de Intervención Cultural/Montecinos, 2010. p. 59.

[16] Schilpp, P. A., (ed). Replies to my Critics, en The philosophy of Karl Popper. The Open Court Publishing, La Salle, Illinois, 1974. p.1067.

[17] Incluido posteriormente en CYF, cap. 8. pp. 229-247.

[18] LIC, p. 297.

[19] ROC, p. 199. En apoyo a estas ideas Nicholas Rescher sostiene que el realismo metafísico funge como una presuposición regulativa que hace posible a la ciencia como tal; esto a partir de la creencia o aceptación de que hay un mundo real —extramental—, una realidad física objetiva que se puede comprender. Véase Scientific Realism, A Critical Reappraisal. Reidel Publishing Company, Dordrecht, Holland, 1987. pp. 126-130.

[20] CYF, p. 244.

[21] Agazzi, E., Metafísica y racionalidad científico-técnica, en Actualidad de la metafísica. García González, J.A., Melendo Granados, T., (eds.), Contrastes. Suplemento, Málaga: [Universidad de Málaga], 2002. pp. 15-16.

[22] CYF, pp. 245-246.

[23] Popper hace un breve recorrido histórico sobre la forma en cómo han influido las ideas metafísica en el desarrollo de la física, y para ello hace referencia al atomismo, y su aporte a la comprensión del movimiento, el esencialismo y potencialismo aristotélico, la geomitrización, el dinamismo, etc. Véase TCCF, pp. 178-188.

[24] Ibid, p. 181.

[25] Popper afirma que el Cisma en física se ha dado debido a al problema de “interpretar e formalismo de la teoría cuántica; y esto ha generado la conformación de varios bandos o partidos, uno dirigido por Niels Bohr y con el apoyo de Heisenberg y Pauli, Max Born, P. Jordan y Dirac, descrito como la ortodoxía cuántica, que promovían una interpretación subjetivista; y por otro la se encontraban A. Einstein, E. Schrödinger y L. de Broglie, entre otros, los cuales defendían una interpretación objetivista. Véase TCCF, pp. 119ss.

[26] Principio de indeterminación o de incertidumbre fue promulgado por el físico alemán Werner Heisenberg en 1927, el cual dice que en virtud de la dualidad onda-partícula no es posible determinar precisa y simultáneamente la posición y el impulso de una partícula subatómica. En otros términos “no es posible atribuir una posición precisa a una partícula (en una instante dado) que se sigue de modo natural de la imagen en que se basa en modelo ondulatorio”. En Wichmann, E. H., Física Cuántica. Editorial Reverté, Barcelona, 1986. p. 249.

[27] CYF, p. 240.

[28] Las leyes probabilistas se suelen denominar también indeterministas; son aquellas regularidades nómicas cuya formulación contiene esencialmente expresiones estadísticas. Por ejemplo: “la probabilidad de que un átomo de radio permanezca estable después de 4.800 años es 0,125”. Véase, Diez, J. A., Moulines, C. U., Fundamentos de filosofía de la ciencia. Ariel, Barcelona, 2008. p. 165.

[29] UA, pp. 65, 70.

[30] Rivadulla Rodríguez, A., Revoluciones en Física. Editorial Trotta, Madrid, 2003. p. 254.

[31] UA, pp. 65, 78.

[32] Ibíd. p. 66.

[33] Para aclarar este punto Popper da el siguiente ejemplo: “Si un reloj se retrasa, un buen relojero puede encontrar la causa: quizá una mota de polvo en el mecanismo. El ejemplo es interesante, porque, aunque esté de acuerdo con la ley de la causalidad universal, es claro que no satisface el principio de poder dar razón. Ningún relojero podría predecir, al ver la mota de polvo, que iba a causar un retraso de tres minutos diarios en lugar de cinco. Tampoco podría predecir que, una vez removida esa mota de polvo concreta, el reloj iba a continuar funcionando sin necesidad de mayores ajustes”. En UA, pp. 42-43.

[34] UA, pp. 79-80.


[35] Ya en el prefacio de la Lógica de la investigación científica Popper afirma: “existe un problema filosófico por el que se interesan todos los hombres que reflexionan: es el de la cosmología, el problema de entender el mundo ¾incluidos nosotros y nuestro conocimiento como parte de él¾. Creo que toda la ciencia es cosmología, y, en mi caso, el único interés de la filosofía, no menos que el de la ciencia, reside en las aportaciones que ha hecho a aquella”. p. 21.

[36] El desarrollo este programa especulativo se encuentra principalmente en su Post Scriptum a la lógica de la investigación científica, realizado en tres volúmenes: Realismo y el objeto de la ciencia, Vol. I. El universo abierto. Un argumento a favor del indeterminismo, Vol. II. y Teoría cuántica y el cisma en Física, Vol. III. En línea con estas ideas y en su propósito de elaborar su cosmología Popper plantea que el universo abierto está constituido por una emergencia de productos, que a su vez componen tres niveles distintos (Mundos 1, 2, 3), pero interrelacionados entre sí, esto a partir del basamento ontológico de las propensiones, que son las que posibilitan una compatibilidad entre el indeterminismo y la causalidad, además de ser el sustento de dicha emergencia e interacción. Así afirma: “El indeterminismo y la interpretación propensivista de la probabilidad nos permiten trazar una nueva imagen del mundo físico”; en TCCF, p. 175.


[37] BST, p. 197.




 
 
 

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