top of page

El olvido del ser, la superación de la metafísica y la “muerte de Dios”





lo que no puede ser de otro modo, sino que absolutamente es como es. De un principio tal penden el Universo y la Naturaleza. Y su actividad es como la más perfecta que nosotros somos capaces de realizar por un breve intervalo de tiempo (el está siempre en tal estado, algo que para nosotros es imposible)

Aristóteles, Metafísica

La superación de la metafísica


Es el ser fundamentador y posibilitador del ente el que no ha sido pensado en su verdad, ya que la metafísica occidental ha pensado al ser en cuanto ente, y esto ha hecho que la metafísica desde sus inicios haya caído en el olvido del ser. “En ningún lugar nos sale al encuentro un pensar que piense la verdad del ser mismo y, por tanto, la propia verdad en cuanto ser. La historia del ser comienza, y además necesariamente, con el olvido del ser”[1]. En consecuencia, la metafísica debe ser superada, esto es, que se debe recuperar a la metafísica encaminándola hacia el pensamiento de la verdad del ser. Heidegger no pretendió que se abandonará la metafísica con su superación, sino que se recuperara renovándola[2]. Así plantea la connaturalidad metafísica del hombre, por la que éste no puede abandonar esta empresa:


El ser vivo constituido de tal y tal modo, su naturaleza, el qué y el cómo de su ser, es en sí mismo metafísico: animal (sensibilidad) y rationale (no sensible). Metido de este modo dentro de los límites de lo metafísico, el hombre queda adherido a la diferencia no experienciada entre el ente y el ser. El modo del representar humano, metafísicamente marcado, en ninguna parte encuentra otra cosa que no sea un mundo construido metafísicamente. La metafísica pertenece a la naturaleza del hombre[3].


De esta forma, Heidegger inicia la labor de preguntarse: ¿cómo el ser cayó en el olvido? ¿Cuáles fueron las causas por las que la metafísica occidental cosificó al ser y olvidó la diferencia entre éste y el ente? La experiencia del ser como olvido presenta varios elementos que van constituyendo ese olvido a través del desarrollo de la historia de la metafísica occidental, llegando a su culmen con la modernidad cartesiana y su consecuente continuidad histórica.


Con Descartes se da la inmanencia del ente supremo de la Antigüedad y el Medioevo, el sujeto cognoscente ego cogito se entroniza como fundamento de la realidad, objetivando, fijando a todo ente desde su subjetividad. “El sujeto, en el ordenamiento de la génesis trascendental del objeto, es el primer objeto del representar ontológico”[4]. Con la res cogitans cartasiana queda instaurado un subjetivismo de corte idealista y con tendencias al relativismo y al humanismo nihilista de tipo posmoderno, el cual sienta las bases para la debacle del ser y su consecuente disolución total. El ser objetivado es situado en la realidad por un juicio o idea innata del cognoscente. “La idea plantónica desciende de su lugar celeste y se instala en la conciencia humana”[5]. La entidad suprema es ahora ente-objeto que está adelante del sujeto, y el cual es manipulado e interpretado según un criterio inmanente. En palabras de Heidegger:


La «Teoría del Conocimiento» y lo que se considera como tal es en el fondo la metafísica y la Ontología que se funda sobre la verdad como certeza del representar asegurador. El discurso de la «metafísica del Conocimiento» se queda en el mismo malentendido. En realidad se trata de la metafísica del objeto, es decir, del ente como objeto, del objeto para un sujeto[6].


Con el trascendentalismo kantiano se asegura la metafísica moderna, esto a través de la identificación plena de verdad y objetividad y de la percepción-configuración de la entidad (ousía) del ente por parte de la subjetividad transcendental; pero solamente la prepara para su consumación con el idealismo alemán (Hegel) y finalmente con Nietzsche. Es así porque: “El acabamiento de la metafísica empieza con la metafísica de Hegel, la metafísica del saber absoluto como voluntad del espíritu”[7]. Hegel supera los términos de la subjetividad kantiana y se encumbra hacia la metafísica absoluta del espíritu. El sujeto cartesiano, ahora Espíritu Absoluto (la realidad total que deviene) es absolutamente inmanente, ya no hay ni siquiera un ente supremo trascendente (objetivado), sino más bien el ensimismamiento total de la voluntad del espíritu; Heidegger concluye:


La metafísica es fatalidad en el sentido estricto de esta palabra, en el único sentido al que aquí nos referimos: en ella, como rasgo fundamental de la historia acontecida de Europa occidental, deja las cosas del hombre suspendidas en medio del ente, sin que el ser del ente pueda jamás ser experienciado, interrogado y ensamblado en su verdad como el pliegue de ambos, a partir de la metafísica y por ésta.[8]


Nietzsche y el fin del pensar metafísico


Según Heidegger, el pensamiento de Nietzsche como todo el pensar occidental gira en torno a la pregunta fundamental de la filosofía: ¿qué es el ser?, y al cual Nietzsche da una nueva y radical interpretación. Por esa razón es metafísico, y el último, bien afirma Heidegger, ya que el filósofo de Röcken no alcanza a pensar la esencia del ser mismo; pero además, Nietzsche es un pensador esencial porque piensa la totalidad del ente como preeminencia sobre el ser. Esto representa la radicalización de la subjetivación del ser, del pensar metafísico moderno. Es con la “muerte de Dios” que Nietzsche presenta la inversión de la metafísica, del platonismo, y con ello el pensamiento metafísico occidental llega a su acabamiento, a su punto final.


Heidegger interpreta las doctrinas fundamentales de Nietzsche: “El eterno retorno de lo mismo” y la “Voluntad de poder” como determinantes para la culminación final del auténtico pensar el ser. Primeramente, “la expresión «voluntad de poder» nombra el carácter fundamental del ente; todo ente que es, en la medida en que es, es voluntad de poder”[9]. La voluntad de poder entendida en Nietzsche como la esencia de la realidad en autoafirmación, autoposesión, instauración, progresión ante la vida (siendo ésta última el valor supremo) determina la verdad del ente en cuanto pensar en términos de valor, y entendido éste valor como “formaciones de dominio” (la ciencia, el conocimiento, el arte, la política, la religión, la moral, etc.), a saber, proyecciones, construcciones humanas ante la vida: la inmanencia de la vida misma, el mundo sensible como la verdadera y única realidad, fundamentado desde la subjetividad de la voluntad de poder activa y creadora; así lo refleja Heidegger en su obra Nietzsche:


El pensar en términos de valor forma parte esencial de la identidad de la voluntad de poder, del modo en que ésta es subiectum (basada sobre sí, subyacente a todo). La voluntad de poder se desvela como la subjetividad que se distingue por pensar en términos de valor. Apenas se experimenta el ente en cuanto tal en el sentido de esta subjetividad, es decir como voluntad de poder, toda metafísica , en cuanto verdad sobre el ente en cuanto tal, tiene que ser considerada en su conjunto como un pensar en términos de valor, como un poner valores. La metafísica de la voluntad de poder interpreta todas las posiciones metafísicas fundamentales que le preceden bajo la luz del pensamiento del valor. Toda confrontación metafísica es un decidir sobre el orden jerárquico de los valores[10].


Así, la realidad en su totalidad es determinada por la voluntad de poder, la cual, a partir de las “formaciones de dominio”, ordena el devenir de la vida en todas sus manifestaciones humanas como aseguramiento de la existencia misma afincada en la tendencia a acumular poder. “El mundo, tal como lo concibe Nietzsche, consiste, pues, en combinaciones de fuerzas que luchan por el poder: unas dominan y otras son dominadas, pero todas quieren el poder, quieren llegar hasta donde pueden”[11]. Ese poder significa un querer más, “querer permanecer en lo alto”[12], el cual se constituye en la constante del mecanismo que opera dentro del devenir de la repetición de lo mismo, o sea, dentro de la finitud del mundo sensible, la única realidad. Con ello, es el poder el que determina al ser, esto es, la esencia misma del ente, o en otras palabras, la entronización del hombre (del superhombre)[13] como fundamento del mundo, de los entes, del acaecer incesante de todas sus proyecciones y, por lo tanto, toda referencia externa a la realidad intramundana de la voluntad de poder queda suprimida: “En efecto, fuera del ente en su totalidad no hay ya nada que pueda ser aún condición del mismo”[14].


De esta manera, ese mismo ente en su totalidad determinado por la voluntad de poder —el cual pone metas o fines sometidos ya de ante mano por el mismo apoderamiento— se constituye en eterno retorno de lo mismo, por cuanto no hay nada en sí fuera de la determinación y condicionamiento del poder. Es por ello que ese devenir del poder eterno, inmanente, ensimismado y conservado es finito, limitándose a sí mismo y nada novedoso le es agregado, esto a causa de la carencia de un progresar hacia un fin en sí que limita las ordenaciones o estructuraciones humanas de la realidad. De ahí que el ente en cuanto totalidad retorna a lo mismo como existencia consistente para así poder superarse, y con ello devenir.


El eterno retorno de lo mismo se constituye como el ente en su totalidad, o bien, como la determinación fundamental de la totalidad del mundo. Así se afirma que el cómo del ente es una absoluta finitud que deviene infinitamente en el tiempo a lo mismo. Esto muestra una permanencia el devenir infinito en medio de un cambio constante, una permanencia que tomaría el lugar del ser Ideal platónico, eterno e inmutable la verdadera realidad por el devenir fáctico e intramundano nietzscheano la realidad aparente:


…el ser entra en contraposición y en competencia con el devenir en cuanto éste reclama el lugar del ser […] Nietzsche, que invierte el platonismo, traslada el devenir a lo «viviente» en cuanto caos «que vive corporalmente». Este suprimir la contraposición de ser y devenir invirtiéndola constituye el auténtico acabamiento[15].


Tal acabamiento de la metafísica se constituye finalmente como “carencia de sentido”, como ausencia de proyecto, lo cual representa el distanciamiento con la esencia de la verdad (αληθεια), entendida ésta como libertad, es decir, como dejar-ser desocultamiento al ente y por tanto al ser, a fin de que éste se revele como apertura originaria para su consecuente corrección proposicional. El no dejar-ser al ente se constituye en Nietzsche como manipulación e instauración de nuevos valores (la transvaloración de todos los valores), y ello es posible debido a que desde la metafísica de Platón se ha interpretado o manipulado al ente y al ser en este caso como Idea, y con Nietzsche lo que queda es la reducción radical del ente y del ser a la pura facticidad de la vida como acrecentamiento del poder. Con esto, la metafísica como pensamiento de la verdad del ente y, en último término, de la verdad del ser “olvidado”, ha quedado definitivamente suprimida a expensas de “una posición de poder del hombre”[16] creador de valores ante una nada que se ha instaurado en el mundo.


El nihilismo


Con la supresión o transposición nietzscheana de los valores metafísicos instituidos desde Platón, pasando por el Dios de la especulación medieval, la razón ilustrada, el Absoluto hegeliano, etc.,[17] la metafísica de Nietzsche se torna en una nueva posición de valor: “…consiste en una «transvaloración de los valores válidos hasta el momento»[18]; esto constituye la esencia del nihilismo. Un nihilismo que no significa una nada absoluta, sino sólo el derrumbamiento de lo que hasta ahora ha dado sentido y configurado al ente en su totalidad, que además es lo único que permanece y, que al mismo tiempo, no propone otro fundamento supremo de tipo platónico[19]: “Nada significa aquí ausencia de mundo suprasensible y vinculante”[20]. Es por ello que en este contexto nihilismo significa liberación de mundo suprasensible, a saber, que el ente en su totalidad se presenta ahora bajo una nueva condición metafísica, la del mundo material del devenir y de la vida.


Sobrevenido el nihilismo como talante propio de la historia moderna de Occidente, sólo queda el nuevo carácter fundamental del ente, aquel principio determinante la voluntad de poder, y a la vez negador de todo ente existente en sí, de todo lo anterior que la metafísica de la trascendencia instauró como lo verdadero. Heidegger asevera que este nihilismo nietzscheano da como resultado el final de la metafísica o del pensar metafísico occidental, y con ello, la metafísica de Nietzsche llamada metafísica de la incondicionada subjetividad de la voluntad de poder[21], en donde la animalidad, la subjetividad del cuerpo con todos sus impulsos y afecciones se posiciona como rectora de la realidad total se afianza como el acabamiento total de la esencia de la metafísica de Occidente, esencia que ha sido invertida y eliminada definitivamente. La preeminencia del ente se ha absolutizado, dando lugar así a la eliminación radical del pensar el ser.


Toda la metafísica en cuanto tal como historia del pensamiento occidental, sostiene Heidegger, es nihilismo, desde Platón hasta Nietzsche, una historia en la que del ser mismo no hay nada, permanece fuera, y esto es así porque la metafísica desde sus orígenes hasta la modernidad no ha desocultado al ser mismo; esto significa que la verdad del ser y, por tanto, la del ente en su totalidad permanecen ocultas. Por tanto, el nihilismo y con ello la metafísica en su esencia vendría a constituirse en misterio de la historia del ser; misterio que en la filosofía nietzscheana parece insuperable, ya que según el eterno retorno no hay fin, no hay meta, no hay sentido, es un volver hacia la nada eternamente:


En este pensamiento se eterniza en cierto sentido el «para nada», la falta de una meta última, y es, en tal medida, el pensamiento más paralizador. «Pensemos este pensamiento en su forma más terrible: la existencia, tal como es, sin sentido ni meta, pero retornando inevitablemente, sin un final en la nada: "el eterno retomo". ¡Ésta es la forma más extrema de nihilismo: la nada (lo "sin sentido ") eternamente!» (La voluntad de poder, n. 55; 1886-1887)[22].


Llegamos así a la finalización de la metafísica, y con ello, al de la filosofía sostiene Heidegger, con la instauración del nihilismo nietzscheano, que desde la voluntad de poder y el eterno retorno de lo mismo suprime a todo ente prefigurado desde categorías metafísicas objetivantes: la “desvalorización” que establece la caída de los valores supremos. Según esto, el ser no puede ser pensado desde la representación tradicional de la metafísica, que con sus categorías no pregunta por la verdad misma del ser, sino que lo piensa como ente y no ve la diferencia entre ambos. Es por ello que para Heidegger, Nietzsche es el último metafísico de Occidente, su filosofía pone fin al pensar metafísico, porque lleva a la metafísica occidental a su esencia nihilista, a su término, puesto que el ser permanece todavía impensado y, más aún, se hunde en la entificación de la totalidad de lo real, en lo mundano, en el olvido; es la historia que encarna el olvido del ser.


A través de la historia de la filosofía se ha buscado ese fundamento, y desde ahí surgen las diferentes filosofías que tratan de explicar qué o quién es ese ser; como por ejemplo: “como causa óntica de lo real, posibilidad trascendental de la objetividad de los objetos, mediación dialéctica del movimiento del espíritu absoluto, del proceso histórico de producción, como voluntad de poder creadora de valores”[23]. Así se representa al ser de lo fundado como igual a lo fundado, llegando con esto a su posibilidad límite a partir de la inversión que la metafísica nietzscheana hace del platonismo. De tal manera que la historia de la filosofía concluye con la apropiación del mundo (lo fáctico, que es la única realidad) por parte del hombre y sus producciones. Es la posición en la que ha quedado el ser en el pensamiento occidental:


…el vacío del estado de abandono del ser, en el seno del cual el consumo del ente para el hacer de la técnica, a la que pertenece también la cultura, es la única salida en la cual el hombre obsesionado en sí mismo puede salvar aún la subjetividad…[24] […] La Filosofía se transforma en ciencia empírica del hombre, de todo lo que puede convertirse para él en objeto experimentable de su técnica, gracias a la cual se instala en el mundo, elaborándole según diversas formas de actual y crear. En todas partes, esto se realiza sobre la base, según el patrón de la explotación científica de cada una de las regiones del ente.[25]


Es inicialmente con la inversión del platonismo a partir de Nietzsche principalmente, que se alcanza una insuficiencia en la filosofía como dadora del sentido del ser. Al igual que el surgimiento-formación y su consiguiente separación de las ciencias encarnan no simplemente la desintegración de la filosofía, sino su acabamiento. Heidegger afirma que el carácter científico-técnico o cibernético del mundo ha desplazado a la filosofía en el intento de exponer las “ontologías de las correspondientes regiones del ente”[26], y ha atribuido una función cibernética a las categorías y conceptos de tipo ontológico, dando como resultado el triunfo de las ciencias tecnificadas y particulares, y como resultado, el final de la filosofía.


Ante esta crisis del pensar metafísico en torno al ser no debe haber una renuncia a la metafísica sostiene el pensador de Friburgo en su labor de pensar la verdad de ser, de insistir en resaltar la distinción entre el ser y el ente. La humanidad del futuro no podrá desligarse del modo de pensar metafísico, puesto que esa ha sido la motivación incesante del pensar filosófico desde sus inicios y es la esencia misma que provoca ese pensar, esto como necesidad elemental del hombre que busca la comprensión del ser, y con ello, el sentido último de la realidad. Esa metafísica resucitará o deberá regresar bajo formas modificadas, transformada, para constituirse indiscutiblemente en el saber humano fundamental. En definitiva, Heidegger llama a recordar al ser olvidado en la historia, lo que implica una reivindicación del ser mismo en su verdad.





Bibliografía


Alvira, T., Clavell, L., Melendo, T., Metafísica . EUNSA, Pamplona, 1984.

Cohn, P. N., Heidegger: su filosofía a través de la nada. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1975.

Colomer, E., El pensamiento alemán de Kant a Heidegger, T. III. Editorial Herder, Barcelona, 1990.

Forment, E., Lecciones de metafísica . Rialp, Madrid, 1992.

Gómez Pérez, R., Introducción a la metafísica . Rialp, Madrid, 1978.

Gilson, E., El ser y los filósofos. EUNSA, Pamplona, 1979.

Heidegger, M., Introducción a la metafísica . tr. A. Acfermann. Editorial Gedisa, Barcelona, 1997.

____________. El Ser y el Tiempo. tr. de J. Gaos. Fondo de cultura económica, México, 1974.

____________. La frase de Nietzsche: Dios ha muerto. Tr. H.Cortés y A. Leyte, Madrid, 1966.

____________. Nietzsche I y II. Ediciones Destino, Barcelona, 2000.

____________. ¿Qué es Metafísica ?,tr. De X. Zubiri. Ediciones siglo veinte, Buenos Aires, 1967.

____________. Carta sobre el humanismo.tr. H. Cortés y A.Leyte. Alianza Editorial, Madrid, 2000.

____________. Superación de la metafísica . tr. E. Barjau. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.

____________. Tiempo y Ser. tr. Manuel Garrido. Editorial Tecnos, Madrid, 2000.

Urdanoz, T., Historia de la filosofía. vol. VI. BAC, Madrid, 1984-1990.

Vattimo, G., Introducción a Heidegger. Editorial Gedisa, México, 1987.

____________. El fin de la modernidad. Editorial Gedisa, Barcelona, 1986.

Notas

[1] Heidegger, M., La frase de Nietzsche: Dios ha muerto. Tr. H.Cortés y A. Leyte, Madrid, 1966. p. 39. [2]Forment, E., Lecciones de metafísica. Rialp, Madrid, 1992. p. 35. [3] Heidegger, M., Superación de la metafísica. tr. E.Barjau. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.s.p. [4]Ibídem. [5] Colomer, El pensamiento alemán de Kant a Heidegger. pp. 576-577. [6]Heidegger, M., Op. Cit.,p. 5. [7] Ibíd.p. 6. [8] Ibíd. p. 7. [9] Heidegger, M., Nietzsche I. Ediciones Destino, Barcelona, 2000. p. 31. [10] Heidegger, M., Nietzsche II. Ediciones Destino, Barcelona, 2000. p. 221. [11] Colomer, E., El pensamiento alemán de Kant a Heidegger, p. 311. [12]Heidegger, M., Nietzsche I., 2000. p.67. [13]DerÜbermensch; el superhombre se concibe como lapersonificación propia de la voluntad de poder. [14]Heidegger, M., Nietzsche II., p. 92. [15]Ibíd. p. 20. [16]Ibíd. p. 27. [17] Heidegger afirma, siguiendo a Nietzsche, que toda metafísica es estimación de valores o “valores supremos” los cuales determinan la realidad sensible, que a partir de Platón y su mundo de las Ideas como condición de posibilidad del ente visible, quedaron establecidos como lo suprasensible o un ideal supremo. Así, afirma Heidegger en su obra Nietzsche II, “toda filosofía desde Platón se convierte en metafísica de los valores”. [18]Heidegger, M., Op. Cit., p. 223. [19] Gianni Vattimo sostiene en su libro El fin de la modernidad, el nihilismo nietzscheano no propone una superación crítica al proyecto de la modernidad a partir del establecimiento de otro fundamento, sino con la negación de los valores superiores, últimos, con la disolución de la verdad, con la muerte de Dios, con el mundo convertido en fábula, es decir, con el final de la metafísica occidental. [20]Heidegger, M., La frase de Nietzsche: Dios ha muerto., p. 7. [21]Heidegger, M., Op. Cit.,p. 164. [22]Heidegger, M., Nietzsche I. pp. 352-353. [23] Ibíd. p. 78. [24]Heidegger, M., Superación de la Metafísica. p. 17. [25]Heidegger, M., Op. Cit., p. 79. [26] Ibíd. p. 80.

 
 
 

Comments


bottom of page