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Apuntes sobre la conformación de la Creatio ex nihilo en el pensamiento cristiano


Artistic representations of the large-scale structure of the universe: "The cosmic web"
Artistic representation of the large-scale structure of the universe: "The cosmic web"


El punto de partida para el establecimiento de la doctrina cristiana de la creación, recogida en la locución latina creatio ex nihilo, lo encontramos ya en el libro de tipo apocalipsis apócrifo: el Pastor de Hermas. Escrito entre los años 110-140 de nuestra era y atribuido a Hermas de Roma (c.90-c.150 d.C.), el libro muestra lo que se considera la primera alusión patrística a la creación de la nada cuando dice: “Dios quien habita en el Cielo creó los entes (τά ὄντα) del no-ente (έκ τού μή ὄντος)”[1]. Sin embargo, el precedente histórico primario más elaborado para la futura consolidación de la creatio ex nihilo está en los primeros intentos de sistematización teológica por parte de los Padres apologistas.


Situados en un contexto de desafío intelectual a mediados del siglo II d.C. esto a causa de la oposición del judaísmo, del surgimiento de las primeras herejías internas, pero principalmente debido al enfrentamiento con la cultura y filosofía helenas, los primeros productores de reflexión-especulación teológica se ven en la necesidad de explicar racionalmente el dato revelado a sus detractores  intelectuales. De ahí que al entrar en contacto con filosofías como el platonismo, el estoicismo, el neoplatonismo, y, también, con el sincretismo gnóstico, las creencias acerca de la creación del mundo por parte del Dios bíblico son formuladas con conceptos y expresiones filosóficas. Su propósito principal es refutar la eternidad o necesidad de la materia, y para ello les es necesario precisar las nociones bíblicas y señalar los errores de tales sistemas filosóficos.

Las ideas filosóficas que circulaban en el siglo II sobre la eternidad de la materia hacían referencia a la creación como un proceso de organización de una materia preexistente y desordenada, o como el surgimiento del mundo por emanación. Ante esto, la motivación de los apologistas, a la hora de formular sus argumentos, se centró, por una parte, en dar una respuesta-corrección a los filósofos paganos, o bien, en asegurar la verdad bíblica. Este último fue el caso del sirio Taciano (c.120-c.173), quién con una actitud adversa ante la filosofía escribe su obra Orαtio αd Grαecos (Discurso contra los griegos) en la que pretende salvaguardar la omnipotencia y soberanía divinas. Es por esta vía que Taciano propicia el concepto de creación de la nada; así afirma: “Porque la materia no es sin principio como Dios, ni porque tenga principio es también de igual poder con Dios; fue originada y traída al ser por ningún otro, proyectada por el único creador de todo lo que es”[3]. Para Taciano, una materia eterna socavaría la absoluta trascendencia y la soberanía de Dios, puesto que habría algo co-igual a él y que no dependería de su Ser para llegar a ser. Así, a pesar de no utilizar en sus escritos la idea exacta de creación de la nada, “Taciano es el primer teólogo cristiano conocido por nosotros que expresamente avanzó la proposición de que la materia fue producida por Dios”[4].

Con la misma actitud de menosprecio hacia la filosofía, se ubica la figura de Teófilo de Antioquía (f. 183-185), quien representa un punto clave en la consolidación del concepto de creación de la nada. Sus ideas se desarrollan en clara oposición a la concepción platónica de la organización del mundo físico por parte de un Demiurgo. Teófilo señala el error platónico que afirma que Dios siendo eterno y el creador del Universo (todas las cosas visibles y tangibles, que devienen continuamente, que nace y fenece, que nunca es realmente, que es generado) coexiste eternamente con la materia (que se movía sin reposo de manera caótica y desordenada), a la que, asimismo, da su forma y cualidad[5]. Por ello argumenta:

Pero si Dios es increado y la materia no es creada, entonces, según los platónicos, Dios no es el Creador del Universo y, en lo que respecta a ellos, no se demuestra la soberanía única de Dios. Además, como Dios es inmutable porque es increado, si la materia es increada, también debe ser inmutable e igual a Dios; porque lo que se crea es cambiable y mutable, mientras que lo increado no cambia y es inmutable[6].

El apologista hace notar, por una parte, que si la materia no es creada entonces no tendría sentido aplicar el atributo de creador de todas las cosas a Dios; éste sería, en todo caso, lo que también se afirma de él: el organizador de esa materia primigenia, la causa para poder “explicar la existencia de un Universo sensible”[7]. Y, por otra parte, si tal materia es eterna no se modificaría de un estado caótico y desordenado a ser un cosmos, puesto que lo único que cambia son los entes finitos, contingentes y temporales. En contraste, el Dios cristiano sí es merecedor del atributo de creador, porque él no es una invención mitológica, sino el Dios verdadero que “es revelado por su hacer lo que quiera de lo no-existente, así como la capacidad de dar vida y movimiento no pertenece a nadie sino solo a Dios”[8]. Y es ese aspecto veritativo del cristianismo que Teófilo también destaca, señalando que la doctrina de la creación es una verdad producto de la revelación dada por medio de los profetas, y no el resultado de la especulación griega; una verdad que es de “las primeras enseñanzas que da la divina Escritura”[9]. Con ello, Teófilo confirma la raíz escritural de su significativa e influyente sentencia, misma que expresa con un lenguaje filosófico: “Dios creó todo del no-ente, trayéndolo al ser” (τὰ πάντα ό θεὸς ἐποίησενἐξ οὐ κὄν τω νεἰς τὸ εἶναι)[10].

Ya en el siglo IV d.C., destaca el influyente pensamiento de San Agustín de Hipona (354-430), quien, ante las amenazas heréticas y los errores filosóficos de los maniqueos, se vio en la obligación de dar una respuesta a las implicaciones del tiempo y del mal en el hecho de la creación.

El maniqueísmo una forma de gnosticismo persa promulgaba una cosmogonía basada en un dualismo metafísico, en el que se afirmaba la existencia de dos principios supremos coeternos: uno la Luz, quesería asimilada al Bien o a Dios, y el otro la Oscuridad, asimilada al Mal o a la materia. Según la mitología maniquea, la materia estaba inextricablemente ligada al principio del Mal, e incluso, “fue hipostasiada e identificada con el Principio de la Oscuridad mismo”[11], y por un conflicto con el principio del Bien adquiere la forma del cosmos. San Agustín contrarresta esta especie de panteísmo emanantista que hace del mal una entidad necesaria, argumentando que el mal tiene un origen el cual no se encuentra en Dios, sino que es el resultado de la corrupción de los entes naturales que han sido creados buenos. La corrupción que se da en las cosas naturales se debe, asevera San Agustín, a “que sólo él [Dios]es inmutable, todo lo que hizo de la nada (omnia quae fecit, quia ex nihilo fecit) está sometido a la mutabilidad y al cambio.[…]Todas las naturalezas corruptibles en tanto son naturalezas en cuanto que han recibido de Dios el ser”[12]. Con ello está indicando que la materia no es eterna y en sí misma no es mala, sino que al ser creada padece insuficiencia ontológica, y esto hace posible la manifestación del mal,la corruptibilidad y, en último término, la pérdida del ser.

Del mismo modo, el problema de la inmutabilidad de Dios y la creación temporal llevó al obispo de Hipona a intentar corregir los errores filosóficos de los maniqueos. La argumentación de San Agustín se dirige contra la crítica maniquea que advertía que una creación temporal exigiría una causa externa (ad extra) que movería a Dios a la acción creadora, ya que esto explicaría la razón por la que, después de una eternidad (“tiempos eternos”) de no crear, Dios actúa en un “momento determinado”creando el Universo[13]. Su respuesta enfatiza en el aspecto libre del Ser de Dios, o sea, en su actividad externa que se realiza por la decisión libre de su voluntad; y por ello, “la voluntad de Dios es la causa de la existencia del cielo y de la tierra”[14]. No puede haber, según San Agustín, tal cosa como “tiempos eternos” o tiempo antes de la creación, porque, precisamente, el tiempo fue creado con las entidades físicas, con la materia; esto por cuanto el tiempo solo se puede entender por el cambio:es su medida, o como el registro exacto de la mutabilidad. De esta forma,San Agustín está asegurando la eternidad exclusiva de Dios, eternidad que excluye necesariamente todo cambio o movimiento temporal. En síntesis:

No puede haber ningún tiempo sin criatura… tú, creador eterno de todos los tiempos, eres antes que todos los tiempos, y que no hay tiempo alguno que te sea coeterno ni criatura alguna […] este mundo mudable, en el cual aparece la misma mutabilidad, en la que pueden sentirse y numerarse los tiempos, porque los tiempos se forman con los cambios de las cosas, en cuanto cambian y se convierten[15].

En la escolástica medieval destaca la gran síntesis teológico-filosófica de Santo Tomás de Aquino (1225-1274). El pensamiento tomista sobre la creación, partiendo principalmente de la matriz aristotélica, tiene como centro de especulación la doctrina del ser. Ahonda, así, en la realidad de la experiencia sensible haciendo un análisis ontológico, viendo en los entes causados y compuestos la exigencia de una Causa incausada y un Acto puro de Ser.La composición de los entes en esencia (essentia) y existencia (esse) significa que la existencia no es parte de la esencia de ningún ente,esto por el hecho de que han llegado a ser y, consecuentemente,dejan de ser;y así se pregunta: ¿Por qué el ente es?¿Cómo ha obtenido la existencia? Según Tomás de Aquino, la existencia tiene que ser donada por un Ser cuya esencia sea el ser, este es, Dios: el Ser subsistente en sí mismo (Ipsum Esse subsistens), el Ser por esencia y absolutamente necesario, que fundamentaría la composición y el paso del no-ser absoluto al ser de todos los entes. Así, crear es, para el Aquinate, participar causalmente (causa essendi)  el ser a los entes; así lo expresa:“el ser primero da el ser a todas las cosas por medio de la creación”[16].

Otro aspecto clave desarrollado por Tomás de Aquino que ya estaba implícito en sus predecesores es lo exclusivamente característico que le acontece a lo creado, esto a diferencia de ciertos fenómenos ineludibles que afectan a todas las cosas físicas, y que pueden ser explicados por las ciencias de la naturaleza[17]. Santo Tomás señala que la creación no es “movimiento ni mutación”, no es el paso de la potencia al acto, puesto que no hay algo en potencia que preexiste en la nada antes de que llegue a ser efectivamente. Comprensiblemente, lo que no existe no puede cambiar o transformarse al ser, porque“cuando toda la sustancia de una cosa es traída al ser, no puede haber una misma cosa existiendo de diferentes maneras, porque tal cosa no sería producida, sino presupuesta a la producción”[18].Y la creación no opera de esa manera; crear es producir todo el ser del ente (efecto) compuesto, esto sin intervención alguna de un estado previo; o en términos tomistas: “por medio de su acción [Dios]produce todo ente subsistente, sin presupuesto alguno, por cuanto él es el principio de todo el ser […] Dios a la vez que da el ser produce aquello que recibe el ser; y de esta manera no es necesario que actúe a partir de algo preexistente”[19]. Por lo tanto, cuando algo es creado no ocurre cambio o transformación alguna, sino que lo que no es recibe el acto de ser (actusessendi), es decir, el acto constitutivo de perfección; además, “la esencia no es nada antes del acto de ser; el acto de ser es el que hace que la esencia sea, a la vez que se ve limitado, al ser recibido en la esencia como potencia”[20].

La cuestión de la temporalidad es de singular importancia en los aportes de la filosofía tomista en el desarrollo de la noción de creación. Primeramente, está el aspecto de la permanencia de lo creado en el ser, lo cual hace referencia a una misma acción de crear y conservar (creatio continua) por parte Dios. Al no poseer el ser por esencia, el ente depende de la continua acción creadora del Ser para así no decaer en la nada. “La presencia del Ser en el ser del ente no es transeúnte sino permanente: ninguna criatura puede mantener su ser, perdurar en el ser, si la causa creadora no mantiene su actuación, ya que depende de ella en su ser y en su obrar, es decir, son efectos suyos”[21]. Esta prolongación de la creación no significa una constante y nueva acción divina, sino que creación y conservación son una única y misma acción:

[…] por continuación de la misma acción por la que les da el ser, la cual se efectúa sin movimiento ni tiempo[…] las conserva en su existencia, causando en ellas continuamente el ser… Por lo tanto, así como antes que existiesen las cosas Dios pudo no darles el ser y, así, no hacerlas, después de haber sido hechas puede no causar su ser, con lo cual dejarían de existir. Esto es reducirlas a la nada[22].

Esta prolongación de la creación apunta, claramente, hacia una dependencia ontológica del efecto para con la Causa. No obstante, tal prolongación bien podría, de acuerdo con Santo Tomás, prolongarse eternamente. Esto quiere decir que hay una distinción entre creación e inicio temporal del mundo, o más en concreto: que la afirmación de un origen temporal del mundo no excluye la posibilidad de un mundo creado desde la eternidad (ab aeterno). Esto último “significaría que el mundo existe siempre, pero producido y mantenido en el ser eternamente por la acción de Dios”[23]. Según el Aquinate, no es imposible concebir filosóficamente un ser creado que haya existido eternamente. En su opúsculo De aeternitatemundi contra murmurantes (Contra los que murmuran sobre la eternidad del mundo), el teólogo escolástico discute los argumentos que sostienen la imposibilidad de una creación ab aeterno. Uno de ellos se sustenta en la remoción de la potencia pasiva; este señala que siendo la potencia  pasiva (materia preexitente) un co-principio indispensable junto a la primerísima formalidad (el acto de ser), habría que eliminarla del ente creado o, es su caso, sería eterna, lo cual iría en contra de la creatio ex nihilo. Tomás responde que la potencia pasiva o la materia no puede existir sin la potencia activa de Dios, que es la que le participa el ser y sin la cual no sería nada, es decir: no existe tal cosa como una pura potencia pasiva preexistente, sino solo por la acción de Dios[24].

La otra objeción se refiere a que no es posible una creación eterna porque repugna a la inteligencia. Lo opuesto a la inteligencia está en sostener que una causa no precede a su efecto, y, también, en que la nada no preceda al ser. En lo que respecta a lo primero, Santo Tomás dice “que Dios es causa agente por voluntad; [y]no es necesario que la voluntad, ni el que actúa por la voluntad, preceda en duración a su efecto”[25]. Esto quiere decir que la causalidad divina no se da por movimiento sino instantáneamente. No hay deliberación temporal en Dios, su influjo causal produce inmediatamente el efecto y su correspondiente estado de acción. Así, el mundo sería eterno pero no sin causa, su acto creador debe entenderse como dependencia ontológica y no como inicio temporal[26]. Por su parte, la precedencia de la nada al ser no implica necesariamente temporalidad, por la razón de que la expresión “de la nada” no significa algo de lo que está hecho el ente. Según Tomás, la noción de la nada debe ser entendida, ante todo, como: creado “no de algo (non ex aliquo)”, mejor que: después de ser nada (post nihilum) llega a ser algo. El orden que ocurre en la participación del ser al ente,más que de temporalidades de naturaleza, esto es, que lo más correspondiente al ente creado es la nada y no el ser. De modo que desde la perspectiva de la creación eterna, la noción creatio ex nihilo sugiere que el ente,en virtud de su naturaleza, sin el soporte ontológico de Dios decaería en la nada: “La criatura no tiene el ser (esse) sino por otro, pues abandonada a sí misma, considerada en sí misma, nada es; de modo que por naturaleza está antes en la nada, que existiendo. […]no se dice que,si la criatura fue siempre, hubo algún tiempo en que nada fue; sino que su naturaleza es tal, que nada sería si se la abandonara a sí misma”[27].

Finalmente, Tomás de Aquino concluye que la verdad acerca del inicio temporal del mundo es sabida por la fe, por la revelación bíblica; y a pesar de que la razón natural pueda aproximarse y comprender dicha verdad, nunca podrá dar razones definitivas para demostrarla.

Ya en el año 1215, ante la proliferación del antiguo dualismo gnóstico por parte de la secta de los cátaros o albigenses,que promovían la existencia de un principio malo de cual se deriva la materia también mala y eterna, la Iglesia define formalmente el dogma de la creatio ex nihilo en el IV concilio de Letrán. Los principios establecidos fueron: la unicidad de Dios como principio creador, la creación de la nada de toda realidad material y espiritual; el inicio temporal de la creación; y el mal no como de naturaleza ontológica sino moral. Así dice el texto del Canon I:

“[El Dios Trino] el único principio del Universo,Creador de todas las cosas invisibles y visibles, espirituales y corpóreas, quien desde el principio del tiempo y por Su omnipotente poder hizo de la nada creaturas (de nihilo condidit creaturam) tanto espirituales como corpóreas… El diablo y otros demonios fueron creados por Dios buenos por naturaleza, pero se volvieron malos por medio de ellos mismos”[28].



Notas:

[1] Lake, K. (ed. & trans.), Apostolic Fathers II, Harvard University Press, MA, 1965. p. 9. [3]Whittaker, M. (ed. y trans.), Tatίan.OratioadGraecos and Fragments, Clarendon Press, Oxford, 1982. p.11. Cabe destacar, como señala acertadamente Emily Hunt, que a pesar de su aversión a la filosofía helénica, Taciano: “claramente hace uso de varios conceptos filosóficos en su Oratio”;e incluso,“habla claramente del cristianismo como 'nuestra filosofía'”; en Hunt E. J., Christianity in theSecond Century: The Case of Tatian, Taylor & Francis, NY, 2003. pp. 74, 103.

[4] May, G., Creatio ex Nihilo: The Doctrine of 'Creation out of Nothing' in Early Christian Thought, T&.T Clark, NY, 2004. p.150.

[5] En su diálogo el Timeo Platón afirma que el hacedor y padre del Universo…

[6] Grant, R. M. (ed. & trans.), Theophilus of Antioch: Ad Αutolycum, Clarendon Press, Oxford, 1970. p.27.

[7] Fraile, G., Historia de la filosofía I. Grecia y Roma, BAC, Madrid, 1990. p. 360.

[8]Grant, R. M., Theophilus of Antioch: Ad Αutolycum, cit. p. 27.

[9]Ibid. p. 41.

[10]Ibid. p.7.  La influencia de Teófilo se extiende a otros Padres apostólicos como son el caso de Ireneo, Clemente de Alejandría y Orígenes, quieres defendieron la creatio ex nihilo contra los gnósticos.

[11]Torchia, N. J., Creatio ex nihilo and the Theology of St. Augustine: The Anti-Manichaean Polemic and Beyond, Peter Lang, NY, 1999. p.78.

[12] S. Agustín, De la naturaleza del bien: contra los maniqueos; en Capanaga, V., Seijas, E., Cuevas, E., Martínez, M., Lanseros, M., Obras de San Agustín III, BAC, Madrid, 1963. pp. 771, 780.

[13] La creación temporal representa un problema filosófico al que posteriormente se referirá Santo Tomás de Aquino diciendo que…

[14]S. Agustín, Del Génesis contra los maniqueos; en… p. 367.

[15] S. Agustín, LasConfesiones; en Custodio Vega, A., Obras de San Agustín II, BAC, Madrid, 1979. pp. 500, 514.

[16]Tomás de Aquino, Commentary on the Book of Causes, Prop. 18, traducidopor Richard C. Taylor, The Catholic University of America Press, Washington, 1996.p.115. En su magna obra Suma Teológica, Tomás de Aquino afirma que solo puede haber un Ser subsistente en sí mismo, o bien, un Ser perfecto, y que por esa misma razón puede participar lo que él tiene por esencia: “Dios es por esencia el ser subsistente, y también se ha demostrado que el ser subsistente no puede ser más que uno, pues si la blancura fuese subsistente no podría haber más que una sola, pues se convierte en múltiple en razón de los sujetos en los cuales es recibida. Por lo tanto, es necesario que todas las cosas, menos Dios, no sean su propio ser, sino que participen del ser, y, por lo tanto, es necesario que todos los seres, que son más o menos perfectos en razón de esta diversa participación, tengan por causa un primer ser que es del todo perfecto”; en Tomás de Aquino, Suma de Teología I, C.44, a.1, BAC, Madrid, 2001. p. 442.

[17] Con respecto a los cambios naturales descritos y explicados como creación o aniquilación por las ciencias de la naturaleza, se ha señalado que el problema con ello radica en una errada concepción acerca del significado estricto de creación: “El concepto de creación se emplea en la física con un significado amplio, que no equivale a la producción a partir de la nada. En este sentido amplio, creación es la producción de entes, mediante procesos físicos, (mediante intercambio de materia y energía), a partir de un estado anterior en el que no estaban presentes. De este modo se habla de creación de partículas cuando, a partir de un estado físico en el que hay determinadas formas de energía, se producen partículas subatómicas (al proceso inverso se le denomina aniquilación)… Realmente se trata de transformaciones físicas,  no de creación desde la nada ni aniquilación total; en Artigas, M., Sanguineti, J. J., Filosofía de la naturaleza, Eunsa, Pamplona, 1989. p. 329.

[18] Tomás de Aquino, Summa Contra Gentiles, II, 17, traducido por James F. Anderson, ImageBooks, 1956. p. 54.

[19] Tomás de Aquino, De Potentia Dei, Cuestión 3, Traducción de Ángel  Luis González y Enrique Moros,Cuadernos de Anuario Filosófico, Pamplona, 2001. pp. 12, 17.

[20] Gómez Pérez, R., Introducción a la metafísica, Ediciones Rialp, Madrid, 1978. pp. 115-116.

[21] González, A. L., Teología natural, Eunsa, Pamplona, 1985. p. 298.

[22]Tomás de Aquino, Suma de Teología I, C.104, a.1, 3, BAC, Madrid, 2001. pp. 893-894. 

[23]Ibid. p.430.

[24] Santo Tomás también se refiere a los ángeles como exentos de potencia pasiva por causa de que son entidades espirituales puras; eso haría que la potencia pasiva no sea un requisito indispensable en la creación.

[25]Saranyana, J.I., "Santo Tomás 'De aeternitatemundi contra murmurantes'". Anuario Filosófico, 9, (1976), p. 412.

[26] Cabe señalar que esta coeternidad criatura-Dios se debe entender hipotéticamente, a modo de posibilidad racional. En el epígrafe 10 de dicha obra en el que evalúa a otros pensadores que objetan la eternidad de la creación, Santo Tomás afirma: “que no se concluye tampoco lo que algunos objetan, a saber, que se equipararía la criatura a Dios en la duración; porque de ningún modo puede algo ser coeterno con Dios, porque nada evidentemente puede ser inmutable, sino sólo Dios”.

[27]Saranyana, J.I., "Santo Tomás 'De aeternitatemundi contra murmurantes'". AnuarioFilosófico, 9, (1976), p. 416.

[28]Shroeder, H. J.(ed. y tr.), Disciplinary Decrees of the General Councils: Text, Translation, and Commentary, Herder Book, St Louis, MO, and London, 1937. p. 238.

 
 
 

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